agosto 05, 2007

El cristal con que se mira

Cuando inicié en el gimnasio, hace año y medio, combinaba mi rutina de pesas con alguna clase diaria en grupo: Belly Dance, Bodypump, Step, Yoga ó Pilates. Esta última la impartía una maestra que, según la gente conocedora, era la mejor en ésta región en todo lo relacionado con 'fitness'. Aunque sus clases era duras, me encantaban porque tenía muy buena técnica y la música no tenía comparación, dejé de asistir porque en las dos últimas sesiones hizo comentarios jocosos en pleno micrófono sobre mi imposibilidad para realizar los ejercicios correctamente debido a mi sobrepeso ante la carcajada unánime del grupo. Cuando mi entrenadora me cuestionó el por qué de mi salida, me quejé amargamente de mi experiencia con la mestra y ella se limitó a decirme que ya la iban a cambiar, pero en su cara adiviné una extraña mirada de tristeza o melancolía que no supe explicar. A los meses la maestra de Pilates murió debido a un cáncer fulminante, a los 39 años dejándo huérfana a una niña de nueve.

Cerca de mi casa hay una gasolinera donde todas las mañanas, antes de llevar a mi hija al kinder, compro un sandwich y una Coca Zero para desayunar en el camino. Durante una larga temporada hubo una promoción que consistía en el regalo de la bebida con la compra del sandwich, las bebidas incluídas estaban escritas en el plástico que lo envolvía (Coca-Cola, Coca-Cola Light, Nestea, Agua Evian). Yo seguía llevando la Coca Zero y las cajeras, que me conocen bien porque saben que soy vecina del pueblo, me la regalaban igual a pesar de no estar incluía en la leyenda explicativa. Una mañana me tocó una empleada que hacía mucho no veía, yo pensaba que tal vez estaría de vacaciones, me cobró el sandwich y además la Coca Zero. Cuando le pregunté por qué, me contestó de tan mala manera, que pareciera estar furiosa con tan simple detalle "no sabes leer o qué? aquí dice claramente Coca-Cola, Coca-Cola Light, Nestea y Agua Evian!!!", me limité a quedarme callada, pagar e irme. A las pocas semanas la vi de nuevo con un pañuelo cubriéndole la cabeza, cuando se volteó se veía claramente que se había rapado y desde hace algunos meses ya no la he vuelto a ver.

Hace unas semanas, uno de los presentadores de La Oreja (programa de chismes faranduleros) salió a cuadro después de una larga ausencia en el programa pero ésta vez como invitado, su nombre es Gerardo Alfaro. Lo que contó en la estrevista que le hicieron sus compañeros me dejó helada, como me imagino le pasó a mucha gente que también lo vió. Relató como una simple congestión nasal crónica, se había convertido en una sinusitis grave y, ante la ineficacia de los medicamentos, los doctores decidieron hacerle exámenes más exahustivos que dieron como resultado un cáncer inoperable debido al punto donde se localiza. Lo más asombroso fué ver la serenidad con que lo explicaba, comentaba que el escuchar tal diagnóstico lo tomó por sorpresa y en un principio sintió pánico cuando esuchó las pocas esperanzas de vida que el médico le auguró, pero al ver la reacción y el apoyo incondicional de su familia las cosas se fueron aclarando hasta hacerlo sentir seguro para empezar la lucha que sabe, le espera. Esta semana Juan José Origel, titular del programa, organizó un evento (una fiesta enorme para ser exactos) en la que convocó a un gran número de personalidades del medio artístico y socialités amigos suyos. El objetivo era recaudar fondos para los medicamentos y tratamientos de Gerardo, pues éste no cuenta con los recursos para hacerlo de su propio bolsillo. La respuesta fué enorme, hoy ví la reseña en televisión, pero lo más agradable fué ver a Gerardo contento en todo momento, sonriente a pesar de haber salido unos pocos días antes de la primera quimioterapia. Se retiró temprano debido a su condición convalesciente, pero antes de irse agradeció el apoyo y prometió volverse a reunir en diciembre para festejar el fin de año, lo hizo seguro con toda la esperanza reflejada en su cara.

El caso anterior me hizo acordar de otro muy cercano a mí. El próximo mes de octubre se cumplirán tres años de la muerte de mi hermano mayor, un cáncer diagnosticado en el 2001 nos lo arrancó de la familia a sus 59 años. También comenzó con interrogantes médicas que los tratamientos no alcanzaban a curar, el diagnóstico final lo comunicó el doctor en su presencia pero mi querido 'manito' pareció no haber escuchado ó tal vez se bloqueó a aceptarlo. Nunca se esuchó mencionar la palabra cáncer de sus labios en los tres largos años que duró su lucha, ni siquiera cuando iba a las consultas médicas en las que la palabra Oncología podía leerse por todas partes. Cuando se encontraba bien, siempre tenía la sonrisa encantadora que lo caracterizó, esos dientes pequeños y blancos de su boca nunca se borrarán de mi memoria. Aún en sus últimos meses, con molestias y dolores por todo su cuerpo, iba cada sábado a visitar la casa de mis padres donde se reúnen casi todos mis hermanos para convivir y comer juntos. Por las tardes de aquellos sábados sin excepción, mi padre lo llevaba a Plaza la Silla para comer la nieve de yogurt que tanto le gustaba y en el resto de la semana esperaba con ansias las visitas diarias de mi madre y mis hermanas, ó las visitas de sus nietas a las que en ningún momento dejó de acariciar y mimar como lo hizo conmigo cuando fuí una niña. Yo estuve con él sus últimos 7 días y desde el momento en que llegué a su cuarto de hospital me recibió con una sonrisa, se acordó de anécdotas del pasado, me regañó y me platicó como si nos hubiéramos visto el día anterior, a pesar de los dos años en los que yo no había visitado Monterrey. Seguramente hubo momentos de amargura y tensión durante su enfermedad, por el desgaste físico que ésta implica, pero su ánimo de lucha y ganas de vivir nunca le faltaron; se puede decir que encaró su destino de forma admirable sin reproches o lamentos hasta el último de sus días.

Así como el cáncer, existen otras enfermedades igualmente mortales de las que no existe un patrón de respuesta por quienes las padecen y creo que nadie que no hayamos pasado por semjante prueba nos aventuraríamos a opinar o criticar. Pero de lo que sí estoy segura es que de la actitud con se enfrente, depende en mucho la calidad de vida con que se lleve.

Según mi humilde opinión, la esperanza de vida no radica en los años que podamos contar, sino en la vida que se le imprima a esos años, sean la cantidad que sea.



Ahí se los dejo de tarea.

agosto 04, 2007

Entre abogados te veas

Ya mi caí mal yo misma de tanto hablar de mí en los últimos posts, creo que batí récord ésta semana y tanto egocentrismo no lleva a nada bueno. Mejor léanse éste chiste que me mandó mi amiga Lucy, está genial, gracias amigocha:

Durante un juicio, en un pequeño pueblo, el abogado acusador llamó al estrado a su primer testigo, una mujer de avanzada edad.



El Abogado se acerco y le preguntó:
- Sra. Sánchez, ¿sabe quien soy?

Ella respondió:
- Si, lo conozco Sr. Garza, lo conozco desde que era un niño y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. Siempre miente, cree saber de todo, es muy prepotente, abusivo, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas. Se cree el mejor de todos cuando en realidad no es usted nadie. Si, lo conozco.

El Abogado estaba perplejo. Sin saber exactamente que hacer. Apuntando hacia el fondo de la sala le preguntó a la Sra. Sánchez:
-¿Conoce al Abogado de la defensa?

Nuevamente ella respondió:
- Claro que si. Yo también conozco al Sr. Garcia desde que era un niño. El es flojo y medio marica, y tiene un problema con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y es el peor Abogado del Estado. Sin mencionar que engañó a su esposa con tres putas diferentes. Una de ellas era la esposa suya. -¿Recuerda? Si, Yo conozco al Sr. Garcia. Su mamá tampoco está orgullosa de él.

El Abogado de la defensa casi cae muerto. Entonces el Juez llama a los dos Abogados para que se acerquen al estrado y les dice:
- Si alguno de ustedes, par de pendejos, le pregunta a esta pinche vieja si me conoce a mi, lo mando a la silla eléctrica.


Y de tarea, un poco de buena música:



Abur!

agosto 03, 2007

Hierba mala ... claro que muere!

Para ésto necesitamos un sencillo equipo como el de la imagen. Me explico: desde hace unos meses el estacionar el coche en su lugar, nos daba mucho trabajo debido a unas plantas que crecieron desmesuradamente con las lluvias tan frecuentes de éste verano tan impredecible. Teníamos que hacer miles de maniobras para no rayar las puertas y sudábamos la gota gorda. Tanto iba el cántaro al agua que mi maridis, que no es muy diestro en el arte de Fitipaldi, rompió uno de los espejos laterales al chocarlo contra el barandal de metal (por evitar una rayadura, nos salió más caro el caldo que las albóndigas, chin!).

Hoy llegábamos de comer y ... vuelta la burra al trigo, cuarenta y tres vueltas al volante, tres mentadas de madre, los huercos gritando "ya nos queremos bajar!!!", hasta que le dije al pobre "ahorita mismo me sacas las tijeras para el jardín, voy a mandar este móndrigo árbol a la tizanada!!!". No me imaginaba lo que estaba diciendo.

Muy obediente mi suzo preferido, casi rompre la barrera del sonido cuando ya tenía las mentadas tijeras en mis manos. Empecé cortándole las ramas al monstruo ese, luego seguí con otros tres arbolitos que están en la parte del jardín y, cuando me disponía a entrar en mi casita a guardar las tijeras, veo el tragaluz que está al lado de la entrada, de ésta facha:



Madre Santa! (y zapatitos del Niño Jesús, mi estimada Bere), no recuerdo en que año le dimos la última manita de gato, me sentí la vieja más fodonga del barrio y ya con las tijeras en mano medije "vieja fodonga, pónte a jalar en vez de irte a la compu". Ya he contado aquí mi fobia al trabajo doméstico, pero tal vez me olvidé de decir que eso de la jardinería y las florecitas no son lo mío tampoco (a menos que las flores sean rosas rojas y vengan envueltas en papel celofán para irse directo a un florerín).

Empecé agachándome para arrancar la hierba mala y como si nada, pero luego de unas punzaditas en la espalda necesité un banquito, en cierto punto las plantitas indeseables ya no se podían arrancar con la mano así que fué por una pala, un rastrillo, unos guantes (por aquello de las espinas) y al último por la aspiradora de las hojas secas. Ya en éste punto, contagié a mi maridis de mi fiebre jardinera y estaba haciendo lo suyo con la cortadora de pasto, luego se pasó con la sierra para quitar las ramas largas del trueno que divide nuestra casa de la de los vecinos. Mientras, los huercos jugando con todos los niños de la cuadra: bendita paz, maldito trabajo jodón!


Según yo, solo quitaría la maleza que estaba en la orilla, que era la que no nos dejaba pasar y se nos atoraba en la ropa ó en las piernas , haciéndonos sangrar algunas veces. Pero otra vez me entró el remordimiento y con una escalera me pasé a la parte de abajo y siguió la friega. Por último, y porque mi espalda no daba para más quité las hojas de entre las piedras con la aspiradora, bajé el banquito y limpié las ventanas. Sin darme cuenta, habían pasado SEIS HORAS!!!, que dejaron como resultado ésta shulada:





Además de un piquete de avispa, una espina enterrada en uno de mis deditos (a pesar de los guantes), un dolor inaguantable de espalda y una insoportable serenata sinfín de la comunidad de grillos a los que les destruí su hábitat con mi ataque de limpieza. Mis respetos para la para gente que trabaja de sol a sol, los que barren las calles, los albañiles, los peones, los que limpian los camellones y todos aquellos que no están bajo el techo y el calima artificial de las oficinas; nunca como hoy valoré tanto el esfuerzo de todos ellos y que perciben un salario ínfimo con el que tienen que sacar adelante a familias enteras. Mi única recompensa fué la satisfacción enorme de ver lo que mis manos pueden hacer y mi casita como a mi me gusta.

Feliz finde!

agosto 02, 2007

Me urge un curso de francés!!!

Hoy se celebró el Nationalfeiertag (fiesta nacional suiza), casi casi el equivalente al 16 de septiembre mexicano. Mi maridis y yo nos pusimos de acuerdo para celebrarlo en casa asando carne con los peques, para lo que nos fuimos raudos y veloces por la mañana a comprar carne de res a Francia. Que por qué a Francia? bueno, pues porque a la mamá kerubina se le antojó una carne asada estilo Monterrey y los cortes de carne de res en Suiza no son ni por asomo los más idóneos para éste fin, por caros y por sosos (cero grasa, así como lo leen CERO GRASA). Es por eso que la mayoría de los asados en éstas tierras se hacen con salchichas (guácala) y con carne de cerdo, la carne de res asada siempre queda dura como cartón de tetrapak.

Así que nos levantamos muy tempranito para cruzar la frontera y nos dirigimos al próximo Carrefour, exactamente a una hora de camino desde la puerta de mi casa hasta Mulhouse, pueblillo rabón francés donde se encuentra el supermercado. El viajecillo fué de lo más pintoresco, mi maridis y yo hablando hasta por los codos de las muelas de la cucaracha y demás, los huercos bien entretenidos, el día hermosísimo y hasta ahí todo bonito. Pero en el mentado centro comercial pasé la vergüenza más grande de mi vida.

Después de comprar la dichosa carne y chorros de tonterías, hicimos fila en la caja para pagar. La traviesa de Zara quería ayudarme a poner los productos en la banda de la caja, pero no hacía más que revolver las cosas. Le dije que gracias, pero que lo haría yo sola y la hice a un lado. Antes debo aclarar que desde que llegué a Suiza, adquirí la costumbre de poner en el carrito una bolsa muy grande de plástico muy resistente que venden en Ikea, para empacar ahí todo el mandado. Esto por el hecho de que las bolsas de plástico normales de los supermercados aquí no son gratis, además de que no sirven para la basura como es costumbre en México, porque aquí la basura se tiene que tirar en bolsas oficiales que también tienen su costo.

El punto es que saqué las cosas y las puse en la banda de la caja registradora, el cajero (un francesito muy guapetón) después de marcar el último artículo me dijo algo en francés que por supuesto no entendí. Lo ví con cara de WHAT? y me señalaba el carrito, nomás porque Diosito es muy grande alcancé a entender que necesitaba teclear el número individual del carrito (en Alemania también lo hacen, no sé con qué fin, pero el número casi siempre está en uno de los lados) y moví el carrito buscando el bendito número. El movía las manos como loco tratando de decirme dónde estaba el número pero yo seguía sin entender, hasta que se paró y salió de la caja, caminó hasta el dichoso carrito y quitó la enorme bolsa del mandado que era la que tapaba el número en la parte posterior. Cuando quita la bolsa, se encuentra con tres artículos de belleza que yo llevaba y que Zara, al revolver las cosas cuando trataba de ayudarme, había hecho que se cayeran entre la bolsa y el metal del carrito.

El hombre puso una cara de Hitler que hizo que se me cayera la mía de vergüenza. Quise explicarle que no era mi intención robármelos, que habían caído ahí por acidente, pero cómo hacerlo si no sé ni madres de francés? Mi maridis también tenía la cara rojísima de la pena, pero el tampoco habla francés!!! Sólo me salió un "sorry, sorry!!" al punto del llanto. Toda nerviosa y con manos temblorosas saqué mi tarjeta de débito para pagar, pero el hombre ya con toda su desconfianza up to the mother (hasta la madre, para los neófitos en inglés), me dijo en el peor inglés que he escuchado "passport, passport". Claro, ahora pensaba también que la tarjeta me la había robado y con mi pasaporte quería comprobar que efectivamente fuera mía; escudriñó hasta donde pudo mi pasaporte, tanto, que al leer que esta expedido en Suiza también me pidió mi permiso de residencia!!! No conforme con toda esa humillación, en el ticket de compra escribió no sé que cosas y no sé con qué fin, tal vez pensando que haría un manifiesto en la aduana para que me regresaran los impuestos. De tonta me pasaría si después de todo ese show, todavía hubiera pedido la devolución esa. Al final debo reconocer que ante esa situación hasta yo misma hubiera pensado lo mismo que él, lo malo fué que no pude dar ninguna explicación, ni siquiera una disculpa.

En fin, me prometí no volver ahí hasta por lo menos saber cómo se pronuncia "vous allez à l'merde", como diría el Doc de Regioblogs: perdonen mi francés!

Au revoir!


agosto 01, 2007

Celos: nada con exceso, todo con medida.

Nomás de pensar en eso, se me pone la piel de gallina. Y es que en mis años mozos era una persona tan celosa, que llegué a hacer barbaridad y media, algo de lo que ahora hasta pena propia me dá acordarme. Recuerdo una vez, y sólo por contar algo muy light, el que era mi novio en aquel entonces me canceló una salida argumentando sentirse un poco enfermo ja! y yo hecha una furia (para mis adentros, claro está) le dije como si nada que no había problema. En ese momento le hablé a una de mis amigas para que me acompañara y fuimos a seguirlo.

Estacioné el coche exactamente en la esquina de la oficina del susodicho, con las luces apagadas pero el motor encendido, para arrancar tipo James Bond en el momento oportuno; a los pocos minutos lo vimos salir llevándonos tremenda sorpresa al ver que caminaba en dirección de donde nos encontrábamos, cuando su destino debería haber sido el lado opuesto. Lo único que se nos ocurrió fué enroscarnos hasta donde nuestras carnes nos lo permitieron, en el piso de nuestros respectivos asientos, estábamos en un Volkswagen!!!

Aunque eso no nos desanimó, el problema surgió cuando él comenzó a caminar en sentido contrario de la avenida y para poder seguirlo teníamos que atravesar un camellón central. Nomás cruzar por delante nuestro, sin darse cuenta el pobre de que éramos nosotros, arrancamos en friega hasta el semáforo para dar vuelta en U sin perderlo de vista desde el otro lado de la calle. Lo más triste fué ver que entró en una estación del metro, ahí ni con la varita de Harry Potter entraríamos con el coche. Mi mente enferma de celotipia pensó rápida y benévolamente, se me ocurrió que tal vez iría a su casa de ser cierta su excusa y nos dirigimos hacia allá esperando que llegara unos momentos después de nosotras. Así fué, solo tuvimos que esperar unos minutos para verlo llegar; aunque no me di por vencida y aún después de verlo entrar, nos quedamos por lo menos unas dos horas más para asegurarme que no saldría de nuevo. Una vez más me sentí ridícula e infantil, como otras tantas en que también había hecho lo mismo.

Razones para ser celoso(a) hay muchas, las mías eran las numerosas malas experiencias con el sexo opuesto que había tenido, junto a la inseguridad que me caracterizaba. Pero de una forma u otra las personas que fuimos y las que siguen siendo celotípicos, sabemos que algo está mal, que vamos por un camino destructivo; pero la naturaleza intrínseca del problema nos impide frenarlo antes de hacernos y hacerle daño a terceros.

En su sentido más inocente, los celos pueden ser un buen elemento para mantener el equilibrio sano de una relación estable, en la medida en que no se convierta en una obsesión. Cuando conocí al que ahora es mi marido ese sentimiento ya no existía, afortunadamente lo había superado, de la manera más agria posible si quieren, pero superado al fin. Su forma de ser, vino a confirmarme que tenía razón al pensar en que hay una forma moderada de sentir celos, la de él.

Mi maridis es celoso, pero ... celoso 'buena onda'. Como cuando me 'excedo' en apapachar a mis hijos, me sale con un "yo también quiero cariñitos" y cosas por el estilo. También me cela un poco con mi amigo el cura (válgame la virgen Pancha!, pero así es), recuerdo una vez que vino a visitarnos y se quedó a cenar. Cuando llegó, me sorprendió verlo con el cabello y la barba recién cortados (algo que no hace muy frecuentemente), además de verse muy bien porque había perdido muchos kilos debido a una rigurosa dieta. Me desviví en halagos a su nueva apariencia, halagos muy efusivos de mi parte, como suelo ser con la gente que quiero: "Que barbaridad! pero qué guapo se puso, parece varita de nardo y hasta nuevo look de barba y cabello!!!" le dije tocando con mi mano su cabeza ante los ojos inquisidores de mi media naranja. Cuando el pobre padre se fué, nomás cerrar la puerta me soltó un "y yo no te gustó o qué? si quieres me pongo a dieta y me dejo crecer la barba!". No puede más que soltar una carcajada y darle un abrazote, de ahí no paso su ataque de celos.

Yo también peco de malhora algunas veces haciéndolo 'enojar' a propósito, sobre todo a la hora de ir con mi doctor familiar que está bien buenototote, es de un tipo entre Richard Gere y George Clooney, siempre le digo que ojalá me enfermara más seguido. Estaría mal del cerebro si no admirara lo guapo que es este galeno suicito de nombre Reto Häfeli. Siempre es forma en jocosa e inocente, pero ayer el maridis me sacó otra carcajada porque se cortó la barba (cuando está de vacaciones no se afeita para nada y ya la traía tipo ZZTop), hasta la tremenda Zara le dijo "ay papi que guapo te ves, te cortaste tu barba", yo lo volteé a ver y en efecto se veía mucho mejor. Pero no fué hasta hoy que me di cuenta que se había dejado unos pelos tipo 'piocha' debajo del labio inferior y le pregunté:

Yo: "y esos pelos? por qué te los dejaste ahí?".

Maridis: "pues igual que el Häfeli, no te gusta tanto? A ver si te gusto más yo!"

Otra vez me dió mucha risa y ternurita, como dice Ruth, más que eso me sentí halaga solo con pensar que lo que él hace es pensando en mí. No cabe duda, que cuando la cosa es moderada los problemas ni existen, ya lo decía aquel viejo anuncio "nada con exceso, todo con medida" hasta con los celos funciona. Lo digo yo, que los viví hasta el extremo!

Saludos!