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septiembre 20, 2010

Fin de semana en Barcelona


Desde la primera vez que visité Barcelona (BCN) me quedé enamorada de esa ciudad. Fue hace más de 7 años, yo llevaba a Zara en mi vientre, y la magia apareció nomás llegar cuando los malestares propios del embarazo desaparecieron sin explicación alguna.

En aquella ocasión recorrí casi todos los puntos turísticos en el Turibus, el clima estuvo perfecto a pesar de tratarse del mes de octubre y hasta tuvimos oportunidad de mojarnos los pies en la playa. Me prometí volver y así lo hice en dos ocasiones más, en las que poco a poco fuí recorriendo algo más de geografía. Y lo que me falta aún!

El fin de semana pasado fué la cuarta visita -y espero no se la última- ahora sin la compañía de mi familia, pero igual la disfruté al máximo. El pretexto fue un concierto de Chayanne, de quien mi amiga Engel Dafnè es megafan. A mi me cae bien el pela'o, pero no tengo ni un solo disco de él, así que lo tomé como un plus de nuestro cortísimo fin de semana.

A nuestra llegada al aeropuerto, el viernes por la mañana, nos sorprendió la enorme cantidad de gente que se movía por sus pasillos; de los vuelos de todas partes del mundo bajaban como hormiguitas muchos visitantes en su mayoría jóvenes. Luego nos enteramos que también había un congreso de Medicina, pero no lo suficientemente impactante para la masa turística que vimos. Tal vez sería por ser uno de los últimos fines de semana del verano, aunque raro por no tratarse de temporada alta.

No hospedamos en un hotelito muy coqueto del Barrio Gótico, aunque nuestro objetivo habría sido uno en plena Rambla, pero el sobrecupo no nos lo permitió y a pesar de haber hecho la reserva meses antes, ya todo estaba lleno.



Por la tarde salimos un rato a pasear por La Rambla (la foto la tomé de noche, al regreso), luego pasamos a Plaza Cataluña a hacer algunas compritas y nos quedamos en la terraza del Café Zürich (para no extrañar tanto) a viborear un rato. Ahí vimos pasar gente de toda, desde una chica vestida idénticamente a Gloria Trevi, hasta esta otra que según ella estaba leyendo pero se pasó más de una hora viendo por encima del libro a su alrededor en este lugar tan extraño: la salida del metro:



El clima no fue muy amigable debido a la lluvia, aunque la temperatura estaba de lo más agradable como para shorts y camiseta. El concierto fue por la noche en una municipalidad llamada Badalona a las afueras de BCN y ahí nos agarró un aguacero de aquellos, que nos hizo mojarnos hasta la conciencia a pesar del paraguas. Casi un diluvio.

El regreso del Pabellón Olimpíco de Badalona -donde fue el concierto- fue menos atropellado que la ida porque ya no llovía, asi que decidimos no llamar al taxi para que nos recogiera y tomamos el metro. Eran pasadas las once de la noche, en otra circunstancia algo no muy seguro, pero el mar de gente en el que nos encontrábamos nos dió luz verde para viajar con toda confianza.

Cenamos en un restaurant de comida típica del País Vasco, otra región española, que fue toda una delicia culinaria: xistorra (una especie de chorizo) y espárragos lampreados como aperitivo, para la cena yo pedí chuletón de res a la plancha (madre santa! como de medio kilo!) con "patatas" fritas; Engel pidió un filete de ternera. Ni a cuál irle de sabrosos, la cocina española es algo de lo que uno no se puede perder en la vida.

Chistorra

El sábado nos levantamos algo tarde, pero no por eso nos podíamos perder los churros con chocolate tan tradicionales por allá. Los míos los pedí sin azúcar y sustituí el chocolate por un café, porque el chocolate caliente es tan espeso, que con una cucharada hubiera tenido para acabarme de subir el azúcar.

Luego visitamos el más que famoso Mercado de la Boquería, una explosión de aromas, colores y gente. Innumerables turistas tomando fotos de las carnes colgantes, la fruta fresca y lista para llevarse a la boca, los jugos recién exprimidos y muchos etcéteras más.






Ya por la tarde nos fuimos a consentir un rato, nos encontramos una estética de chinos en la que además de cortes de cabello, tintes y cuidado de las uñas, ofrecía servicio de masajes. Yo luego luego pregunté por el pedicure -me encanta- y la chinita muy solícita se ofreció a darme también masaje en los pies... que ricoooo! Y todo por 25 euros, había que aprovechar porque en Suiza jamás encontraría una oferta así.



Para cerrar con broche de oro, buscamos un buen restaurant de tapas españolas para nuestra última cena en Barcelona. No caminamos mucho, en seguida lo encontramos:

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Fueron dos días intensos y divertidos en los que la plática, la comida, la música y las largas caminatas, nos dieron a las dos un respiro en nuestros quehaceres diarios con la familia. Quiero volver a Barcelona, todas las veces que se pueda, una de mis ciudades favoritas for ever!

Ála, a trabajar se ha dicho, majos!

septiembre 16, 2010

Me voy!


Mañana viernes 17, me espera en Barcelona un concierto en el Pavelló Olímpic de Badalona. Salgo a primerísima hora por la mañana y regreso el domingo. Asi que todo el día de hoy me la pasé entre las vueltas con mis hijos, la actividad doméstica (para dejarle todo en orden al maridis) y preparar la maletita.

Al fin y al cabo son solo tres días, con mi amigocha Engel Dafnè, solitas y nuestras almas mahuacateras. Agárrate Barcelona, que ahí te vamos!

Híjole, estoy bien emocionada, aunque con algo de pesar por dejar a mi familia solita. Pero en octubre (vacaciones de otoño) nos desquitamos en Europa Park.



Ojalá hayan pasado unas fiestas patrias muy alegres, disfruten del resto del megapuente y 'hablamos' a mi regreso (si Diosito quiere).

See you later aligators!

agosto 17, 2010

Señales de vida



Desde que salí de Suiza el 10 de julio pasado, comenzé este post una infinidad de veces, nunca pasaba del segundo reglón y hasta ahí quedaba. La primera semana la pasamos en Miami en un hotelito coquetón y tranquilo. Mar, sol y arena... un muchote de todo, pero mas que eso, el sentimiento que da la libertad de no estar pegada a horarios y compromisos. A eso le llamo vacaciones.



Miami es una ciudad bullanguera, alegre y muy colorida; todo ahí es intenso: el calor, la lluvia, la gente, el lujo, el colorido, los idiomas, el mar... No en balde es el destino perfecto para aquellos mexicanos que han podido huír de la violencia y caos político de nuestro tan azotado Mexiquito (y más, últimamente, Monterrey).



Hay muchísimo qué ver, una semana se nos fue como agua y solo conocimos lo más típico como los pantanos llenos de cocodrilos (Everglades) y su zoo.




Un distrito muy mono llamado también Hollywood, donde lo que abunda son los restaurantcitos de comida internacional y en los que comimos muy rico.





La gente en Miami es encantadora, personas de todo el mundo luchando por sobrevivir en el país de las maravillas y en el que solo un trabajo desempeñado con responsabilidad lo consigue. Me hice amiga de una asiática muy linda y muy agradable, dueña de la peluquería del hotel y con la que pasé ratos muy divertidos escuchando sus anécdotas.

También nos tocó el partido de la final de Africa 2010, quisimos verlo en 3a dimensión en cine no tan cercano, pero al llegar nos encontramos con las localidades agotadas. Solo unos pasos adelante de ahí, nos topamos con un boliche super cool en el que los peques se divirtieron de lo lindo y me dejaron ver el juego sin molestar tanto.

Me encantan las vacaciones en el mar, tirarme al sol en la paya y enterrarme junto a mis hijos en la arena, la fiesta y el sol, sentarme en la terraza de un bar a ver la gente pasar, ir a una estética de belleza y hacerme cuanto sea posible, nadar jugar en la alberca y tomar algunos drinks en los camastros con el maridis, en fin... todo lo que implica ausencia de stress.



Pero una semana es suficiente, luego empiezo a aburrirme. Es por eso que planeamos solo ese tiempo ahí, para después pasar tres semanas en mi terruño del alma que tanto extraño. El 17 de Julio llegamos a Monterrey y nos encontramos con muchas sorpresas, la mayoría no tan agradables, pero esa... esa es otra historia.

Abur!

febrero 15, 2010

Vacaciones de invierno


Desde la semana pasada nos encontramos en los alpes, una vez más, mis pequeñitos vuelven a su escuela de ski y nosotros... nosotros trabajando más que nunca para que se aproveche la temporada.

Hoy los peques comenzaron la escuelita, más divertida que el año pasado porque ya tienen algo de conocimiento y de práctica (hace dos semanas los llevamos a esquiar a un lugar muy cercano a la casa). La novedad para nosotros tampoco fue mucha, por lo tanto el maridis volvió a subirse a los skies luego de 15 años en blanco y yo hice mis pinitos también.



Para ser el primer día, solo me caí una vez, pero el show que les dí a las personas que estaban ahí fue mayor a los pocos conocimientos adquiridos. "Me caigo, me caigo, me caigo!!!" le gritaba a mi maridis y la gente volteaba ante el alboroto. "Agárrame, me voy, me voy, me vooooooy!!!" Sopas!!!

Bueno, no me caí exactamente: más bien me tiré un hermoso clavado, a la nieve más dura que he sentido en mi vida, antes de caerle encima a cualquier cristiano y dejarlo como hot cake :-P



Para los niños más que una escuela, son verdaderas vacaciones y las disfrutan al máximo, ahora ya bajan por las pistas de dificultad media y solo Christof es el que necesita algo de supervisión. Si, el mayor de los dos, es al que no se le puede dejar solito porque no le tiene respeto al peligro. Cree que sabe mucho y baja muy rápido -demasiado diría yo- metiéndose en cada lío... de aquellos. Zara en cambio, es metódica y tiene mucha técnica, no le importa si va despacio o a paso de tortuga, le pone mucho empeño a las curvas y eso le da seguridad (como debe ser).



Yo estaba mas que dispuesta, ahora si, a aprender. Primero porque no pierdo la esperanza de esquiar algún día al alimón con mis hijos, y luego porque es un deporte muy bonito y super tradicional por éstos lares. Además en Suiza, la fiebre de los Olímpicos Invernales que se celebran en Canadá está por todas partes, no en vano los chocolateros van en los primeros lugares del medallero de Vancouver 2010.

Todavía nos quedan muchos días por acá, la cosa al lado del ski es muy aburrida, pero por lo menos ahora si tengo conexión de red y me divierto algo en Facebook o viendo películas. Una disculpa por tantos días de silencio, más en los comentarios, espero postear mas seguido.

Feliz inicio de semana. Sean felices!

agosto 04, 2009

Legoland Deutschland

El fin de semana pasado nos fuimos al parque de Legoland que está en Ulm, Alemania para no dejar pasar las vacaciones en blanco de mis peques. Fuimos hace tres años pero fué un tormento chino para la pobre de Zarita porque no alcanzaba la estatura (ni la edad) para subirse a la mayoría de los juegos. Así que esta vez era muy importante para ella e iba muy ilusionada. Ulm, queda a unas cuatro horas del lugar donde vivimos y que ademas, para llegar tenemos que pasar también por un pedacito de Austria. Nos pareció muy cansado hacer las cuatro horas de viaje y luego llegar directo al parque, sobre todo por el calorón que hacía, así que decidimos irnos desde el viernes por la mañana y pasar la noche en un hotel que ofrecía el servicio de alberca con aguas termales. Luego al día siguiente iríamos ya descansaditos con muchas pilas para pasar dos días en las atracciones de Legoland. La segunda noche la pasaríamos en otro hotel, en el que nos hospedamos la primera vez que fuimos y que está más cerca del parque.

La primera sorpresa nos la llevamos en la autopista alemana, estos chicos aprovecharon las vacaciones para reparar la carpeta asfáltica y de los seis carriles normales, dejaron solo uno de ida y uno de vuelta con el tamaño justo para un go-kart. Así que ahí perdimos una hora, que hubieran sido más, pero a nuestro piloto se le ocurrió salir de la autopista e irnos ranchando de pueblo en pueblo. La siguiente sorpresa nos la dió el teléfono del piloto, tiene una aplicación de Sistema de Navegación con el que nos íbamos guíando por los ranchos germanos, pero a medio camino se le fué bajando la batería!!!. Logramos salir de nuevo a la autopista pero el condenado teléfono nos llevaba por caminos equivocados de los que tuvimos que regresar en dos ocasiones, otra hora perdida. Al final, el viajecito que tenía que haber sido de cuatro horas, nos costó seis y las nachas más aplastadas que una aspirina.

Llegamos al mentadito hotel de aguas termales, con todo el ánimo de darnos un chapuzón luego de tanto tiempo sentados en el coche, perooooo.... resultó que las piscinas estaban fuera de servicio por 'saneamiento'!!! WTF!!!. El coraje y las ganas de estirar las piernas, no nos dejaron otro remedio que ir a conocer el pueblo de Heidenheim, donde está el hotel. Ya a eso de las ocho de la noche nos dió hambrita, solo encontramos un restaurant chino con buffet al 2X1 y... atáscate bandolón ahora que hay lodo, pero el resultado fué desastrozo: mi marido pescó una diarrea marca chamuco y yo una acidez de aquellas. Los únicos que resultaron ilesos del atracón fueron mis querubines, los angelitos tienen panza de músico y la comida les hizo lo que el aire a Juárez.

En fin, al día siguiente todo cambió y nos fuimos al parque bien tempranito, de ahí para adelante solo fué diversión y pies adoloridos de tanto maratón legolándico:



Creo que ésta es la última vez que vamos, los juegos muy pronto les quedarán pequeños a mis criaturas y además sigo prefiriendo Europapark porque hay más atracciones para adultos, especialmente para mi que soy fanática de las montañas rusas anti-cardicos. De cualquier forma, a pesar de los contratiempos, fué una buena terapia para soltar el chamuco de la depresión y volver un poco a ser niños.

Auf Wiedersehen!

febrero 08, 2009

De vuelta al ruedo

Llegamos el sabado noche después de un largo dia entre estaciones de tren y visitas a familiares de mi maridis en el inter. Pasamos siete días en la estación de ski de Zermatt lidiando con temperaturas bajo cero (algunas veces hasta quince grados en estado de congelación), toneladas de nieve y muchas satisfacciones por los logros de los querubines en su primera visita a la escuela de ski. Nomás porque Dios es grande, pude preparar las chivas necesarias preguntando por aquí y viendo folletos por allá, para no dejar morir a mis huercos hechos paleta en su primera lección de éste deporte. Mi media naranja daba por hecho que yo debería saberlo todo y no me asesoró en mucho, al final no me faltó casi nada: lentes para la nieve, ropa térmica (hijoesú, de no haber sido por ella, quién sabe que hubiera pasado), cascos, calcetas especiales para las rígidas botas de esquiar y chorromil camisetas de cuello alto para prevenir enfriamientos. Amén de los jarabes para la tos, un tarrote familiar de Vicks Vaporoub y una gama variada de analgésicos y desinflamatorios por aquello de no-te-entumas en caso de accidentes invernales.

Al principio estuve algo nerviosa, sobre todo después de pagar la semana entera de escuela para los dos angelitos, mi temor era que no les gustara desde el primer día y me salieran con que "dijo mi mamá que siempre no". Afortunadamente nada de eso pasó, aguantaron más que gustosos las jornadas de ocho horas diarias (9:00 am - 4:00 pm) entre los más bellos paisajes nevados de los Alpes Suizos con el Cervino como testigo frente a ellos (símbolo emblemático chocolatero por excelencia). La idea original era que yo también estuviera en la escuela aunque en un curso de menor duración que el de ellos que comenzaría dos días después y terminaría igual, pero el entusiasmo de los dos primeros días al verlos como iban aprendiendo tan rápidamente y las situaciones chuscas de cada uno en sus grupos, me hicieron decidir dejarlo para el próximo año. Y no me arrepiento, me pasé los días tomando fotos o simplemente admirándolos embobada; aunque tengo que reconocer que también me di un tiempecito para deslizarme en trineo con mi maridis, para visitar una de las montañas más altas llamada Gornergrat (3,100 mts. de altura) y hasta para compartir con mi amigo el padre Luismi que nos visitó por dos días.

Nos desconectamos casi por completo de la civilización a pesar de tener al alcance la televisión y el internet, ni los tocamos. Las cuatro horas de vigilia que les quedaban a los chicos después de sus clases, las pasábamos haciendo sudokus, rompecabezas y escuchando música mientras platicábamos los pormenores del día. No me escapé de cocinar desayunos y cenas, de limpiar el depa (prestado por uno de los tíos del maridis) y de lavar ropa algunas veces; pero lo raro es que no se sintió el trabajo, tal vez la euforia de vivirlo en otra situación geográfica. El último día de la escuela de mis hijos, se cerró con una competencia.

Nos tuvimos que hacer pedacitos porque la de Christof fué en Sunnegga y la de Zara en Gornergrat, lo bueno fué que los horarios se repartieron bien para darnos tiempo a subir y bajar de una montaña para ir la siguiente. La tragedia sucedió con Christof, durante los recorridos de prueba antes de la competencia, sus tiempos fueron los mejores de sus compañeros de grupo. Pero a la mera hora, cuando le tocó competir, el pobre se cayó y perdió mucho tiempo. Aún así, llegó en cuarto lugar. El llanto y la desilusión está de sobra mencionarlas, pero lo importante es que le dió más ánimos para volver el próximo año... uuufff!!!. La de Zara fué más alivianada, los chiquitines (entre 4 y 6 años) no supieron de nervios ni tiempos que romper, los aplausos y los 'hop, hop, hop' de los allí presentes valieron más que cualquier lugar en el podium. Todos ellos reían y levantaban sus manos al llegar a la meta, a pesar de la tormenta de nieve que caía en esos momentos, creo que nadie de ellos lo notó.



La noche de ese día fué la última que pasamos en Zermatt, lo celebramos con los padres de una amiguita que hizo Zara en su grupo y la reunión resultó muy divertida en una pizzería con musica en vivo incluída. Christof también hizo un amigo y con los padres de éste también intercambianos direcciones y teléfonos para vernos después, casualmente la madre de éste niño es colombiana y fué con la que pasamos más tiempo durante la semana con los chicos. En fin, fueron una vacaciones para recordar siempre, todo salió bien, a excepción de un resbalón que me hizo caer cual ancha soy en plena calle camino del depa. Ironías de la vida, no caí en la nieve, ni siquiera en el recorrido con el trineo; pero vine a besar el suelo llano sin nieve de por medio ja!. Bueno, aqui les dejo el álbum de fotos.

Hasta la vista baby!


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enero 30, 2009

Para no variar... vacaciones!

Ya he comentado hasta el cansancio que en éstos lares las vacaciones escolares suceden cada estación del año, además de las tradicionales navideñas. Hoy comenzaron en mi rancho las de invierno porque no en todos los estados (cantones) suizos se tienen al mismo tiempo, en ésto los chocolateros se pintan solos por aquello de la perfección, la diferencia entre unos y otros se hace con el fin de que los lugares para vacacionar no se abarroten de peregrinos y... no sea que alguien no vaya alcanzar lugar, ja!. A parte de las fechas también el nombre que se les dá varía, por ejemplo aquí se llaman Vacaciones para esquiar (Skiferien), en otros les dicen Vacaciones de Carnaval (Fastnachtsferien) y en otros simplemente Vacaciones de Invierno (Winterferien).

Nosotros nunca habíamos salido en éstas fechas ya que por prescripción médica a mi maridis le está prohibido volver a esquiar, pero la cosa es que a partir del cuarto o quinto grado de primaria las escuelas organizan un período de viaje para esquiar con los alumnos y los maestros pero sin los padres (madre santa! faltan dos años para que mi bebé se me vaya solo y ya siento ñáñaras) así que, tratando de evitar un poco problemas futuros de mis peques por su ignorancia en el arte del ski, le sugerí a mi media naranja que ya era hora que los niños tomaran clases 'in situ' y de manera formal. Así, los huercos irán bien hachas, cuando les toque.

Mañana salimos muy tempranito, en tren, hacia los tan mentados Alpes Suizos para comenzar ésta aventurita. Luegos les reseñaré lo acontecido, si Diosito me lo permite, en una semana. A mis tres lectoras les vuelvo a pedir paciencia por esta nueva ausencia, más que voluntaria.

Bis Bald!

agosto 18, 2008

Hay que ver para abajo también

La mayoría de los mexicanos nos quejamos muy frecuentemente de lo mal que está el país, de lo mal que estuvo y de lo mal que estará. Si, también le pegamos a la Madame Sasú de vez en cuando. En otro post anterior comentaba que tal vez el hecho de estar lejos de México nos hace a los exiliados, valorar un poco lo que sí tenemos más que enfocarnos en las carencias de un país que no termina de sacudirse las viejas prácticas. Estaba leyendo un post sobre el pueblo cubano en el blog de Mujer X y eso me hizo llegar a éstos pensamientos. Mi memoria se fué tiempo atrás, exactamente nueve años atrás, cuando mi maridis y yo visitamos Cuba como parte de nuestra luna de miel.

Por aquel entonces la apertura al turismo de pocos pesos comenzaba a dar frutos en Méxicon con auténticas gangas charteras para visitar la islita del Castro que no termina de estirar la pata. Yo había escuchado de algunos amigos que ya habían estado por allá, muchas historias sobre la forma de vivir de los ciudadanos cubanos "de-a-pié" y a la hora de hacer mis maletas, llené la mitad con pantimedias de nylon, pastas dentríficas, jabones de tocador y muchas, muchas libretas, plumas y lápices de todo tipo.

Habíamos escogido el Hotel Habana, despreciando los complejos de superlujo con la intención de que nuestro viaje, más que de placer (nunca mejor dicho), fuera un auténtico descrubimiento cultural. Al llegar al inmenso edificio de chorrocientos pisos, inmediatamente nos invadió un intenso olor a humedad rancia, vieja, producto de años sin darle el mantenimiendo adecuado al local. Los viejos elevadores trabajaban a la mitad de su capacidad, las paredes estaban llenas de mapas dibujados por las grietas que la sal marina y el tiempo habían carcomido sin consideración. Los muebles del lobby vestían telas ajadas por la cantidad que habían sido lavados, los colores casi casi podrían haber sido los de cualquier acuarela y el sistema de cómputo utilizado en la recepción era más que arcaico, obsoleto. Del cuarto se podría decir casi lo mismo, eso si, con una limpieza inmaculada.

Los empleados del hotel nos recomendaron los tours que salían diariamente a los distintos puntos de interés general de la hermosa isla, pero se sorprendieron al ver que solo habíamos pagado uno para el día siguiente a la playa de Varadero y otro para dos días después a las fábricas de puros. Insistieron demasiado en que planeáramos toda nuestra estancia desde el primer día, pero fuimos un hueso duro de roer: no nos convencieron. Los demás días salimos por nuestra cuenta, a pié, pero vigilados muy de cerca por una persona que no se nos depegó nunca; eso sí, a unos cuantos metros de distancia, pensando que no nos daríamos cuenta.

En esos recorridos "no oficiales" fué que conocimos La Habana que no a muchos interesa. Una noche fuimos a cenar a un restaurancito muy escondido en una zona nada turística, los platillos de la carta eran totalmente diferentes al buffete que ofrecía nuestro hotel, pero igual de deliciosos... o tal vez más. Cuando quisimos pagar, ingenuamente preguntamos si los precios eran en dólares o en pesos cubanos, a lo que el mesero respondió que por supuesto en dólares (después de ir a preguntar al encargado, claro está). Se nos hizo algo caro, sobre todo para ser un local que no recibe turistas, de hecho cuando llegamos nos dieron una mesa muy al fondo y alejada del enorme ventanal que da a la calle. A la hora de pagar vino el dueño del restaurante a darnos el cambio del billete y a disculparse porque su empleado había querido cobrar en dólares, nos dijo que la cuenta era solo la mitad de lo que decía la comanda y con una sonrisa nos dió las gracias. Antes de irnos mi maridis le habló al mesero (el único en todo el restaurant), le dió el dinero que nos había entregado su jefe y le pidió que lo repartiera entre él y las personas de la cocina. El hombre casi se suelta llorando, desviviéndose en darnos las gracias unas cuantas veces.

En el recorrido que hicimos por las fábricas de tabaco la cosa no fué tan diferente, mesas rectangulares enormes distribuídas a cada lado del salon con tres o cuatro mujeres por mesa enrollando puros, los dedos de todas estaban manchadas por ese color café-verdoso del tabaco recién procesado. Recuerdo con mucha pena a una de las trabajadoras, cómo en silencio absoluto dejaba de enrollar y con movimientos rápidos con una de sus manos señalaba primero una moneda y después una fotografía de un niño pequeño que tenía pegadas con cinta adhesiva en la mesa. No se necesitaba ser muy inteligente para saber de qué se trataba aquel ademán. Me detuve enfrente de ella y saqué unos paquetes de medias y un jabón de olor para entregárselos con mucha cautela, tratando de que el guía no me viera. Ella los tomó como de rayo y los escondió.

Otro día en que visitábamos la fortaleza de La Giraldilla, parte del recorrido era subir a una pequeña torre, en la entrada estaba una señora sentada que controlaba que el acceso fuera ordenado y de pocas personas para evitar amontonamiento en la parte superior. En un susurro casi imperceptible me dijo "¿no tienes algo que me des?", yo solo dije al regreso. Antes de salir, ya traía yo en mis manos unos pocos dólares, otros pares de pantimedias y una pasta detrífica, que le entregué según lo prometido. Lo mismo sucedió en otro viajecito que hicimos a un lugar en la sierra, más hacia el centro de la isla, el autobús paró en un lugar donde deberíamos recorrer una huasteca con pequeñas cascadas de agua entre cavernas y vegetación netamente tropical. Antes de bajarnos, el guía nos advirtió de hacer caso omiso a la gente que se acercara al pié del camión, so pena de ser amonestados tanto ellos como nosotros. Una vez abajo, se acercó una bandada de muchachitos entre los siete y los doce años, yo vi el cielo abierto porque ese día llevaba mi bolsa repleta de libretas, plumas, lápices y colores; no cabe duda que La Providencia me había tocado por la mañana antes de salir en el tour. Los niños estaban super contentos con mis regalos, los guías casi me jalan de los brazos, pero yo no caminé hasta no terminar de repartirles un poquito de cielo a aquellas criaturas. Antes de subir de regreso al autobús me senté en una fuente frente al estacionamiento, se me acercó un muchacho un poco más grande como de unos quince años y me preguntó si ya no traía más útiles escolares para regalar. Le dije que los había repartido todos, pero me acordé de la pluma que siempre llevaba conmigo (regalo de alguien muy querido), pero no me importó deshacerme de ella para entregársela a aquella criatura. Le dije que era la mía, que la cuidara mucho porque era de un gran valor sentimental y el me prometió que así lo haría; antes de que se fuera le dije que también traía unas pantimedias y jabones de tocador que tal vez le pudieran servir a su mamá, otra vez su sonrisa y muy honestamente me dijo "nooo, mejor los vendo! y asi comemos por una semana en casa algo que no sea arroz y frijoles". Me subí llorando al bus.

En otra de nuestras salidas "clandestinas", un señor que nos encontró caminando cerca del hotel, se ofreció a hacernos un recorrido nocturno en su viejísimo auto por la Habana de "ellos": aquella sin maquillaje turístico. Encantados y muy confiandos dijimos inmedatamente que sí; el paseo no pudo haber sido más placentero: pequeñas partes de aquel puerto maravilloso y una plática amena que nos hizo sentir mucho más satisfechos que cualquier visita al Copacabana. Nos platicó muchas historias, como la forma en que ellos fabrican rudimentariamente en sus propias casas las autopartes de sus coches cuando éstos se descomponen, nos contó también que la mayoría de los habitantes de la isla tienen una carrera universitaria hasta con doctorados y que se desempeñan como elevadoristas, choferes de camiones y hasta personal de intendencia por no tener campo de acción alguno en su ramo; nos contó... nos contó muchas cosas más que terminaron por deprimirme y dar gracias a Dios de haber nacido unos kilómetros más hacia este.

Las demás cosas que llevé las repartí entre las muchachas que limpiaban los cuartos en el hotel y las cocineras que cada mañana servían el buffete del desayuno. Nadie me vió con caras raras, se podría decir que casi lo esperaban. En la semana que pasé ahí nunca vi a alguien sin trabajar, nunca vi a nadie con malas caras al desempeñar sus labores, todos sonreían siempre... tal vez con la fuerza que da la esperanza.

Veo con miedo cómo mi país se descontrola cada día más, miedo a que una vez se convierta en otra Cuba ante la ambición desmedida de algunos, la corrupción de otros y la cobardía de otros cuantos que debieran vigilar por el bienestar del país. México es un país de gente que lucha, que trabaja, hospitalaria, esperanzadora, bienintencionada... pero desgraciadamente éste gente no está en el poder. Tendremos que esperar sentados a que se convierta en La Otra Cuba?

agosto 10, 2008

Mil horas

El día que visitamos el Paseo Santa Lucía había, como según me habían dicho siempre ocurre, una fila enooorme para subir a las dichosas lanchitas. Les pregunté varias veces a mi maridis y a mis querubines si a pesar de las dos horas de espera que decía el letrero de la taquilla, aún querían comprar los boletos, y ellos contestaron con un si unánime. Del calor, las moscas, los vendedores ambulantes y el dolor de pies mejor ni hablemos. Lo único que nos hizo olvidarnos de todas estas calamidades fué un muchacho que, con guitarra, micrófono y caja de sonido en mano, amenizó musicalmente la espera con un repertorio maravilloso del rock en español de los ochentas/noventas.

La mayoría de los que estábamos ahí éramos más o menos de la misma camada, empezamos tímidamente pidiendo una que otra cancioncilla pero otros terminaron de plano aventándose varios palomazos de Soda Stereo, Enanitos Verdes, Los Plebeyos (El Pipiripau no podía faltar!), El Tri, Miguel Ríos, Los Bukis y muchísimos más que todos coreábamos y seguíamos con las palmas. Aquello más que una larga espera se convirtió en un Aficionados de Rómulo (qepd) con todo y saluditos para la familia. Estábamos tan divertidos, que rogábamos por que no llegara nuestro turno, aunque ésto coincidió con la terminación de la música y de ahí pasamos a carcajearnos en serio con las ocurrencias del capitán del barco que nos tocó. Puedo decir que de todas las embarcaciones que se nos cruzaron en el camino, la nuestra era la más prendida, algo que en mucho tuvo que ver el dichoso capitán que manejaba el humorismo y el sarcarsmo como todo un profesional.


Sería suerte, o sería el sereno, pero el paseo por el canal fué lo más divertido que nos ocurrió en nuestras vacaciones. Visiten el Paseo Santa Lucía, eso sí, llévense algunas provisiones de líquidos y abanicos para mitigar el calorón. Ah! y váyanse cuando ya se haya metido el sol que es la hora en que llega éste muchachón.

Saluditos suizos!

P.D. Para los que siguen enojados y que hasta me borraron del MSN por la balconeada que les dí, les dedico la canción de la barra lateral. Besitos y Cerezas!

julio 02, 2008

Actualidad

Las cosas por éstos rumbos andan medio patas arriba, la Eurocopa demás de un campeón hispano, dejó a la población un poco descontrolada después de tanto estrés futbolero que repercutió por los cuatro costados en la vida tan cuadrara y senshillita de los chocolateros. El verano se ha dejado sentir con todo, a pesar de algunos oasis lluviosos en forma de pausa refrescante a los calorones de 30° (ja!). Coincidiendo además con el término del ciclo escolar que en éste país marca no solo a los estudiosos, es el parteaguas del año en el que la mayoría prepara sus maletas para irse aunque sea de camping a uno de los tantos lagos o ríos que por acá abundan, para no quedar fuera de tono con el resto al regreso en Agosto y poder contar peripecias propias.

La economía suiza sufre su punto más alto pues los pocos que no se van de vacaciones, se quedan para aprovechar las jugosas rebajas que a cualquier nivel, están a la orden del día. Las festividades locales de cada región encuentran también en el mes de julio, el escenario perfecto para borracheras colectivas con cierre de calles principales, muchísima comida (generalmente todo tipo de salchichas), juegos mecánicos y mucha más diversión para chicos y grandes.

En casa las cosas no son tan diferentes, el estrés se siente por todas partes. Por un lado Christof tiene su semana del deporte, hay que llevarlo y traerlo a diferentes puntos de reunión con su grupo dos veces diarias. Lo han llevado a nadar, a patinar inline, a hacer senderismo y todavia faltan dos días más de actividades. Zara es un caso aparte, termina el kinder no oficial y toda la semana ha sido en horario irregular entre idas al bosque, campamentos de indios y emotivas despedidas de sus compañeros y maestra. Gracias a Dios hoy fué el último día.

Mi maridis tiene un proyecto de trabajo muy importante que lo tiene desvelándose desde el domingo, amén de tener que soportar las altas temperaturas tanto dentro como fuera de la oficina (por cuestiones de ecología los grandes edificios tienen prohibido utilizar aire acondicionado en sus instalaciones cuando se encuentran en ciudades grandes como Zürich y Bern), situaciones que son una combinación letal para la convivencia en familia, luego de una jornada de trabajo en éstas condiciones.

Yo he sido la única normalita de familia, en calidad de ama casa no hay muchos compromisos que atender (WTF!), así que me la he pasado entre mis cosas habituales y los preparativos para el viaje a México: maletas, regalos, boletos de avión, confirmaciones, dejar limpio todo lo que se pueda, preparar lo necesario para las actividades de mis hijos, de mi marido y ... no me acuerdo de más cosas, pero seguro las hay. A pesar de todo, me he dado un tiempecito para llevar a mis hijos a pasear, a nadar y el viernes tenemos planeado ir al cine.

No me quejo, mi cuerpo es el que a veces protesta, pero tampoco dudo entre preferir ésta vida y otra más cómoda sin hijos y menos obligaciones. Soy de las que se aburren con las rutinas, no sé estar quieta, aunque a veces dos horas de televisión parecen ser suficientes para recargar pilas y seguirle machacando al trabajo. Invariablemente las noches son muy amenas, cuando los peques se acuestan mi maridis y yo tenemos luz verde para platicar un ratito mientras limpiamos juntos la cocina. Bajamos a la oficina y compartimos otro rato comentando novedades sobre noticias o internet, hasta que el tiene que trabajar un rato más y yo puedo escribir algo aquí.

Por ahora la ilusión del viaje no me permite agüitarme por nada y echarle todas las ganas hasta a las cosas que no me gustan. Mi familia nos espera también con ansias locas y la cuenta regresiva ha empezado a acelerarse, parece que fué ayer cuando decía que solo faltaban unos meses para estar allá ... hoy solo faltan unos días.

Sabia virtud de conocer el tiempo ....

julio 05, 2007

Hablando de ... Vacaciones

Decir VACACIONES DE VERANO en México suena a, si somos estudiantes, la gloria misma. Si somos padres a "qué haré con éstas criaturas para entretenerlas" (salvo contadas excepciones de gente bien organizada que ahorra y planea sus vacaciones fuera), en Europa el significado es muy diferente. En España por ejemplo, el mes de agosto es caótico casi en su totalidad las autopistas se vuelven cuellos de botella interminables, las playas se abarrotan, las montañas se llenan de paseantes y la burocracia se incrementa ante la ausencia de la mayoría del personal de sus dependencias. En Suiza la cosa no es muy diferente, con la diferencia que la mayoría de los chocolateros vuela a destinos inóspitos de todo el planeta, dejando todo fríamente calculado y terminado en sus respectivos empleos para que todo marche sobre ruedas (acordaos de su perfeccionismo, ésta no es la excepción).

En Suiza las vacaciones de verano suelen durar por lo menos un mes y algo, los que no salen a vacacionar, se inscriben e inscriben a la vez a sus hijos en cursos que van desde repostería hasta pintar con las manos, pasando por cursos de bomberos, natación, hilado, música y hasta de formas de levantar cosechas. No hay pretexto para holgazanear, aunque es muy raro que ésto suceda, porque los suizos viven para las vacaciones. Pueden no tener casa propia, ni siquiera un auto, pero no viajar y conocer el mundo entero es algo que no se pueden perdonar. De hecho existe una costumbre, por lo menos entre los suizos que conozco y que son contemporáneos en edad, de tomarse un año sabático al salir de la universidad o carrera técnica para viajar con mochila al hombro y recorrer ó vivir durante éste período de tiempo en un país ajeno culturalmente hablando. He sabido de algunos que vivieron Afganistán como voluntarios de la Cruz Roja, otro más en Nicaragua a finales de al guerra, alguno más en algunos países de Sudamérica y así por el estilo. Bueno, ya me desvié del tema.

Los que aprovechan para vacacionar en forma, casi siempre buscan lugares muy turísticos que sean soleados, con playa de ser posible, con algún atractivo cultural y sobre todo, muy tranquilos (rayando en lo aburrido, de ahí que escojan más Playa del Carmen que Cancún). Los extranjeros normalmente aprovechamos para vivistar los lugares de origen, pues con niños en edad escolar no existe otra posibilidad el resto de año, en Suiza está penado por la ley que los niños falten a la escuela a causa de viajes y las multas económicas son muy fuertes por éste motivo (ni siquiera cuando murió mi padre, le permitieron a mi hijo acompañarme a Monterrey por tratarse del incio del ciclo escolar).

El problema de los que cruzamos el charco con hijos pequeños, es la duración del vuelo transatlántico, normalmente de 10 a 12 horas. Ya no digamos lo que dura todo el viaje que, entre transbordos y tiempos de espera se extiende hasta 20 horas ó más dependiendo del destino en México. Pero insisto, lo más terrible de ésto es el vuelo largo con los pequeños de la casa, es una tarea titánica lidiar con ellos y con los pasajeros quisquillosos que se molestan hasta porque hablan las pobres criaturas. Recuerdo una vez, de las más nefastas, viajamos con Chris cuando tenía 7 meses de nacido. Una pasajera gringa se atrevió a ir hasta mi asiento para reclamarme por qué se me había ocurrido tener un hijo si no sabía cómo hacer que dejara de llorar (WTF?), y ésto cuando apenas teníamos 10 minutos en el aire. En vano resultaron mis esfuerzos por tratar de explicarle que el bebé lloraba por el efecto de la presión en sus oídos al momento del despegue, no me dejaba hablar y seguía gritando como loca hasta que llegó la sobrecargo y la hizo callar. El resto del vuelo fué un infierno de nervios por hacer que mi pequeño ni balbuceara siquiera. De ahi en adelante, cada que viajamos me llevo una buena dotación de juegos de viaje y una botella de cualquier jarabe para la tos que contenga algo de alcohol y me los atonte por lo menos unas cuantas horas para no levantar escándalos entre los pasajeros.

Bueno, la sal y pimienta de las vacaciones, siempre nos dejan una anécdota para contar. Aunque ésto no es exclusivo de los enanos, los adultos tampoco cantamos mal las rancheras, sobre todo tratándose de gente sin educación ni sentido común; si no me creen, vean lo que le pasó a la Andrade en su último viaje a Europa:


Feliz Juevebes!