junio 08, 2007

El martirio de la envidia

Escribir por encargo, no se me ha dado nunca, será porque simplemente no soy escritora? Un amigo me pidió una colaboración para una revista hispana en gringolandia, de la que es editor, no lo pensé dos veces y le dije que sí apresuradamente. Pero cuando mencionó el tema a desarrollar se me borró la sonrisa. Ante mi imposibilidad, me dediqué a recopilar información sobre lo que se me pidió (y así se lo hice saber), me tomó algunas horas leer y releer artículos periodísticos, blogs y revistas online. Ante tanto estrés, esfuerzo y tiempo consumido en ésto, me parece justo publicarlo aquí y porque además me parece un tema de interés:

EL MARTIRIO DE LA ENVIDIA
Un viejo granjero estaba enojado mirando los daños de la inundación:

“Hiram” gritó el vecino” todos tus cerdos se desbarrancaron por el arroyo”.
“¿y los cerdos de Thompson?” preguntó el granjero.
“También se fueron”.
“¿y los de Larsen?”
“Sí”.
“¡Mmn! Soltó el granjero, contento “no es tan malo como pensé”

Se ha dicho, con justa razón, que la envidia es tan antigua como el hombre y uno de los defectos capitales que aqueja a la humanidad cuando ésta se torna en destructiva. Para unos, la envidia forma parte de los instintos naturales, exactamente como el amor, los celos o la agresividad; en cambio para otros, la envidia es un fenómeno adquirido en el contexto social, que empuja cada vez más a envidiar a quien es más o tiene más.

El discurso del envidioso es repetitivo, monocorde y compulsivo sobre aquello que envidia y con lo que compite. Sabemos cuáles son sus carencias a partir de lo que envidia. El objeto de la envidia no tiene por qué ser una persona concreta, también puede ser un "ideal" que se nos ofrece como modelo a imitar y que se le reviste de valía. La tristeza y el pesimismo le privan de la espontaneidad y la alegría. No sabe reírse con otras personas ni de sí mismo. Sólo lo hace con mofa y desprecio hacia los otros.

La envidia es ese mecanismo psicológico que no permite que nadie tenga ni sea mejor que uno. "¿Por qué él y no yo?", se pregunta el envidioso que no acepta el triunfo ajeno, sobre todo, cuando sabe que la persona envidiada es alguien que un día no tuvo nada y que otro día llega a tener todo, como ocurre en el cuento de “La Cenicienta” o “El patito feo”. No hay nada más envidiable en la vida que la suerte de quien posee el juguete que uno mismo quisiera tener. De modo que en esta competencia abierta, en la que uno ambiciona ser y tener lo que es y tiene el otro, es casi natural que el envidioso busque por todos los medios la caída de su rival, impulsado por esa creencia innata de que nadie es tan capaz y perfecto como uno mismo.

La persona envidiosa no suele reconocer su envidia. Se resiste a hacerlo y no hay nada que más le hiera y descalifique que intentar hacerle ver que la tiene. Hay que tener en cuenta que detrás de la envidia se halla:
* Un sentimiento de inferioridad e inseguridad.
* Una incapacidad de reconocer las limitaciones personales, asociándolas a signos de debilidad.
* Una negación total de que la infelicidad no se debe a lo que no se tiene, sino a la falta de aprecio de lo que sí se posee.
* Una falta de compromiso y responsabilidad con la propia vida. Pendiente de la vida de otros, no se asume la propia.

El envidioso está acostumbrado a meter cizaña entre los amigos y parientes, con el propósito de lograr sus objetivos a base de engatusar y confabular mentiras. Es un ser peligroso que puede convertir una cofradía en un nido de ratas y serpientes. ¡Ojo!, el envidioso se disfraza casi siempre de amigo, como el lobo de oveja, para causar un daño en el momento menos esperado, pues es un ser astuto que, aun siendo un pobre diablo, se ufana de tener más sapiencia y experiencia. De ahí que cuando se aparece un envidioso, lo mejor es avanzar con los oídos tapados y los ojos bien abiertos, para no escuchar los falsos cantos de sirena ni caer en las trampas que va dejando a cada paso. La envidia no perdona a quien se trepa a la cúspide de la pirámide o levanta un vuelo por encima del resto.

Este sufrimiento secreto por el bien ajeno, que todos hemos sentido en alguna ocasión y que nos ha traído más de una incomodidad, disgusto y dolor, siempre es negativo. La conocida como "envidia de la buena" no existe. Es un sentimiento que debe ser aceptado como uno más de los que sentimos. La preocupación llega cuando la envidia se convierte en patológica e interfiere en la vida de la persona, cuando ese sentimiento posee al individuo, merma su autoestima y le incapacita para llevar una vida saludable.

Como sucede con todo sentimiento insano, es conveniente mantener actitudes preventivas, de forma que no lleguemos a padecer de manera obsesiva sus efectos. Una buena prevención ante la envidia iría encaminada a sentirnos felices por la buena suerte de los demás, porque, en definitiva, vengan de la mano de otros o de las nuestras propias, de lo que se trata es de vivir el mayor número de momentos de felicidad y alegría.


No fué fácil el dichoso encargo, pero por lo menos no me rajé. Se vale opinar y además es gratis!

See you later aligator.

7 comentarios:

J.S. Zolliker dijo...

Eso!
Ya cuando seas famosa, nos das tu autógrafo, eh?

Nancy dijo...

La envidia ha sido causa de cosas terribles a gran escala y también puede serlo en nuestra vida si no manejamos esos pequeños ratos en que el aguijón con su veneno nos toca, como dices es mejor sentir alegría por lo que triunfan, por los que logran algo, manteniendo una actitud positiva es como se logrará tener paz y conseguir nuestros propios triunfos y logros.

Besos.

Nancy

FelixRegio dijo...

Parafraseando...

Me da "envidia de la buena"...

Jajajaja, no te creas, felicidades, muy profesional!!!!

Saludos!

Berenice dijo...

Excelente!!!!!!!!!
Esta genial!!!
Adelante!!!
Soy tu fan.

Maclovia dijo...

Felicidades, escribes muy bien, ya sea de la envidia por encargo, o de como almacenar en el refri, de tus peques; siempre es un placer leerte.
Un abrazo.

kerubin@ dijo...

@ JSZ: Hasta que leí tu comentario me di cuenta que sonaba muy rimbombante eso de la revista. Temo desilusionarte Jóse, porque es solo una que se publica a nivel interno en una empresa y, aunque ya van varias veces que se publica algo mío, nunca va con mi firma, sino con la de mi amigo :-) porque ... para eso estamos los amigos, que no?

@ Nancy: Tienes razón amiga, y creo que a veces la forma más positiva de canalizarla es superándonos nosotros mismos sin herir ni tratar de destruír a nadie. La clave es conocer nuestro propia valía y darle la suya a los demás con honestidad.

@ FelixRegio: Muchas gracias por tu opinión, sabes que para mí vale mucho.

@ Bere: Yo también soy tu fan chiquilla, gracias!

@ Maclovia: Híjole que bonito lo que escribiste, muy agradecida por leerme. Solo recordarte que éste post es un resumen de algunos que leí, el mérito fué sólo resumirlos.

Feliz fin de semana!

Ruth dijo...

¡Excelente! no hay nada más que agregar



Feliz fin de semana.