enero 10, 2011

La Bikina


En una soledosa tarde de playa en Acapulco, el compositor mexicano Rubén Fuentes “paseaba” la mirada entre las bañistas de apretados bikinis. El sol rayaba el cenit y, Fuentes, acalorado se refrescaba con la brisa marina en uno de los puertos más hermosos del mundo.

A su lado su hijo Alejandro y, a escasos metros, su entonces esposa la actriz Martha Roth. Ansiaba el compositor tomar algo refrescante, pero recibía un arsenal de preguntas de su heredero.

Transcurría el año 1964, era la primera vez que su hijo veía el mar y sus pies gozaban de la cálida arena. El menor, acostumbrado siempre a ver a las mujeres de vestidos largos observó a estas en diminutos trajes y le preguntó a su padre por qué llevaban tan poca ropa. Este le explicó que iban con un traje enterizo llamado “bikini” pero el niño le comentó que, tratándose de mujeres, debía llamarse “Bikina”. El cadencioso paso de una mujer de la que Fuentes no desprendió la vista, y el nombre que le dió su hijo, dieron pie a una de las más hermosas canciones: “La Bikina”, mundialmente famosa.



Fuentes ha reiterado la historia de la playa frente a otra versión que indica que “La Bikina” está inspirada en una leyenda de la época de los Cristeros. Ocurre en el Estado de Jalisco, en un pueblo entre lo que se llama Los Altos:

Durante una noche de tormenta, un lucero chocó con la cima de un monte. Un campesino siguió la ruta del meteroro y allí encontró una recién nacida abandonada a su suerte.

El indígena la recogió y la llevó a su chocita, su mujer la atendió cariñosamente amamantándola, pues acababa de ser madre hacía dos meses. Apesar del cariño que le tenían, temerosos de ser acusados de robo, confiaron a la pequeña a un sacerdote que, finalmente y ante la falta de reclamo de la huérfaga, la depositó en un convento carmelita.

La niña creció allí, hermosa y bella hasta que un día la paz se perturbó. De los problemas de la Iglesia con el Estado, había surgido una liga llamada Los Cristeros, que luchaba contra el Gobierno. En 1925 el presidente Calles, procedió contra los rebeldes haciendo una persecución por todos los puntos del país, principalmente en Jalisco, en donde este movimiento había alcanzado mayor fuerza.

También la lucha llegó al convento, su puerta se vió abatida por un pelotón del ejército que entró con furia destruyendo lo que encontraba en su camino y ante los incrédulos ojos de las monjas, cayó la superiora de un tiro en la cabeza cuando trataba de impedirles el paso.

La niña resulto el blanco de los abusos de los hombres por su enorme belleza, hasta que uno la tomó en vilo y la sacó del lugar: era el capitán Humberto Ruiz.

La chica estuvo inconsciente durante días, pero contó con los cuidados y la ternura del capitán que, atento y servicial, solo se limitó a curarla. Ni siquiera la tocó. Días después, él capitán desapareció.

La muchacha vagó triste y sin habla por pueblos y aldeas, trabajó en tareas domésticas pero no hablaba, no sonreía y no dejaba que ningún hombre se acercara a ella. El destino, caprichosa maquina del azar, puso un día de nuevo frente a ella al capitán Ruíz.

En esta ocasión, ella le sonrió, no necesito decirle nada y aceptó caminar a su lado. Vivieron una noche de amor incomparable y, al amanecer, ella salió del lugar. Subió a la montaña y, como la última estrella de anochecer, se perdió en el firmamento.

Su historia inspiró a la gente que la conoció la historia de LA BIKINA.


Fuentes: 1, 2

1 comentario:

jose dijo...

Querida Keru, debes conocer esta versión de La bikina con Luis Miguel en vivo en una de sus presentaciones en Monterrey. que la disfrutes y feliz 2011: http://www.youtube.com/watch?v=NCvJwzDQTBM

También del Regiomonte, Cris