abril 10, 2008

Peripecias suizas

El mes pasado cumplió años mi suegra y para festejarlo, mi suegro nos reunió a todos en un restaurant muy particular, para almorzar un delicioso "Brunch Buffet". Para empezar el local está en los bajos de un hotel ubicado en la punta de una colina en las afueras de Zurich, para llegar hasta allá habría que subir primeramente un camino muy parecido a la segunda vereda de Chipinque hasta una estación de tren. Ahí, el trenecito nos llevaría hasta otra parte de la colina en la que habría de nuevo que subir (o escalar?) otro tramo de bosque. Como mi suegra no puede caminar muy bien, un carrito eléctrico nos esperaría en ese punto para llevarnos (acomódate piedra!) hasta el objetivo de nuestra celebración.

La cosa es que nadie me habló sobre los términos de desplazamiento, ni del lugar que visitaríamos y yo tampoco me acordé de checar el clima (craso error!); vestí a mis hijos muy ligeritos ya que el día había amanecido muy soleado peeeero ... precisamente cuando esperábamos el tren después de echar el bofe con la subida, comenzó a nevar y un viento fuerte y helado se dejó caer cual paisaje del Himalaya. Mientras llegaba el tren, mis hijos practicamente se congelaban y los dientes de los cuatro castañeaban al mejor ritmo flamenco. Me quité mi chaqueta y se la dí a Chris, Zara corría como loca tratando de calentar un poco su cuerpecito, mi maridis aguantaba estoicamente el frío como buen suizo (creo que no lo sintió tanto como nosotros) y yo ... yo solo le pedía con todas mis fuerzas a Dios que llegara el &%"# tren lo más pronto posible.

En el tren vendrían mi cuñado y su esposa (estaba todo estratégicamente planeado), así llegaríamos todos al mismo tiempo al restaurant. Por fin nos reunimos todos en aquel vagón lleno hasta el chongo de gente debidamente vestida, que nos veía con ojos de misericordia con aquellas ropas elegantes y fuera de lugar, ja!. Al llegar arriba, esperaba yo ver el mentado carrito eléctrico que nos trasladaría cómodamente hasta el lugar pero, adivinan?, no había tal transporte. Esa estación de tren a la que llegamos luego de unos cinco minutos de viaje era muy pequeña, no había donde resguardarse de aquella ventisca nevada que para entonces se había convertido en tormenta. Mi suegro llamó por teléfono al hotel alrededor de cinco veces, las últimas ya muy enojado, para exigir que nos mandaran el vehículo. Mi suegra, apoyada en sus bastones, se desesperaba cada vez más al ver las caritas de mis hijos y la mía poniéndose cada vez más azules del intenso frío. Al fin llegó el carrito, pero el inocente de mi cuñado se le ocurrió invitar a otras personas que estaban ahí a subir en él y aquello fué como entrar diez pesos completos en una lata de sardinas.

Una vez instalados en la parte "nice" del restaurante, que dicho sea de paso estaba hasta el chongo de gente, tratábamos de ahogar aquellos incómodos inconvenientes ... comiendo. Juguito de naranja por aquí, pan con mantequilla por allá y así sucesivamente hasta que llegó la parte "warm" del buffet: unas deliciosas piezas de pollo en gravy, papas gratinadas y muchas cosas más (yo solo comí eso, ya que los mariscos no son mi fuerte y mucho menos a esas horas de la mañana). Una vez satisfechos y cuando ya pensábamos mi maridis y yo que nuestras peripecias habían quedado completamente olvidadas, de pronto mi cuñado y su esposa sacaron un violoncello (tololoche, diría mi abuela), una flauta dulce y dos atriles de entre los miles de tiliches que llevaban. Tengo que aclarar que mi concuña es concertista profesional, toca el piano como los mismos ángeles y eso si, solo música clásica se encuentra en su repertorio. Mi cuñado es doctor, pero yo creo que tanta música en casa lo hizo contagiarse a tal grado que desde hace rato está aprendiendo a tocar el violoncello, dije aprendiendo eh!. Hicieron algunas sillas a un lado ante la mirada inquisidora de los demás comensales, yo me moría de la pena al ser el blanco perfecto de toda la sala, pero aquella vergüenza apenas había comenzado:



Mi suegra dió todavía más la nota, lloraba a cántaros aunque no se supo a ciencia cierta si era de emoción o por lo horroso de aquella interpretación, yo me relajé un poco cuando escuché a mi suegro su petición de grabar aquel acontecimiento con mi celular (por lo menos haría algo para distraerme y no soltar la carcajada nerviosa que me había venido aguantando). Como se puede ver, mi cuñada muy en su papel de flautista que, de no haber sido por la terquedad de mi cuñado de soñarse "músico por un día", hubiera salido airosa. La gente les aplaudió un poco, tal vez con la esperanza de que la experiencia no se repitiera, pero yo ya no pude grabar el final de la risa que no pude contener. Después de unos minutos y ya mas tranquila, no veía la hora en que viniera el mesero con la cuenta, pero aún faltaba más.

Una vez guardados aquellos instrumentos, sacaron de su enorme maleta unos libros con pastas negras y un pequeño xilófono ... WTF!!!. Se colocaron los dos enfrente de la homenajeada más cerca de ella, mi concuña tomó una de las baquetas para dar el tono "mi, mi, mi,mi, miiiii", le dedicaron otra canción que en ésta ocasión salió de su ronco pecho. Previamente nos habían dicho que desde hace algunas semanas habían entrado a formar parte de un grupo coral y que no podían desperdiciar la ocasión para demostrar sus dotes en el bel canto.



La pobre de mi suegra seguía en el renglón lacrimógeno, mi maridis y yo de nuevo en shock de "trágame tierra" y la gente ... pobre de la gente que seguía comiendo a nuestros alrededores. Ya veía yo llegar a los paramédicos con alguno que otro atragantado o a otro con algún ataque de vómito. De repente, vi al capitán de meseros parado a un lado de nosotros: "seguro viene a corrernos a patadas!" pensaba para mis adentros, pero nomás terminada la pieza coral se acercó más rápido de Speedy González, botella de champaña en mano y unas cuantas copas en la otra "es regalo de la casa para la festejada". Elegante forma de dar por terminado el espectáculo, ya que al mismo tiempo nos informó que el bufett se había cerrado y que nos agradecía la visita, por primera vez alabé la diplomacia suiza! Al salir, poco me faltó para irme pecho tierra por entre las mesas, pero no fué necesario porque entre que recogían las cosas y pagaban la cuenta aquello casi se había quedado vacío. O habrá sido otra cosa en la que nuestra prole tuvo que ver?

Válgame Dios, para osos no gana uno! ... y lo peor es que fue totalmente ajeno a nuestra voluntad.

Aufwiedersehen!

P.D. Gracias maridis, por autorizarme a publicar estas barbaridades.

4 comentarios:

Patylu dijo...

Que bueno que te tu maridis lo autorizo, necesitaba distraer mis pensamientos. =)

Ademas es una buena anecdota, pobres de tus peques y de ti que tuvieron que pasar frío pero, te lo aseguro que no te vuelve a pasar.

Saludos!

Nancy dijo...

Keru que frío!! ya me imagino, pobrecitos Chris y Zara, si recuerdo que nosotros ataviados como viles cebollas nos castañeaban los dientes, ahora ellos y tú ahí de ligeritos no no no, espero que no se hayan enfermado, aunque ellos tienen su pedazo Suizo y son bien resistentes al frio.. lo recuerdo bien.. :)

De lo que cuentas del show de tus cuñados pffff, QUE MEGA OSO!! no sé como le hiciste para aguantarte tanto la risa, yo creo que no hubiera podido o de plano tiro todo el contenido de mi bolsa bajo la mesa y me meto una hora a buscarlo..

Buen detalle lo de la botella de champaña, los suizos tienen estilo ;), aquí en México no hubiera faltado por ahí entre los comensales un aullido coyotil al escuchar tremendo recital... Auuuuuuuuuu jajajajaja

Yo creo que al final de todo, te divertiste un buen, y al momento que escribías esto estabas con tu sonrisota en la cara nomás de acordarte... ah me acuerdo de cuando escribíamos posts ahí las dos muertas de risa..

Te quiero mucho, besotes a todos!!

Nancy

Bere dijo...

Disculpe uste Don Keru...

jajajaajajajajajajajajaajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja, los subtitulos estan con madre jajajajajajajajajajajaajajajajajaja

A mi me sale rebonito el Ken lee keru jajajajajajaajajajaja, ahora si cuando vengas nos aventamos el karaoke a todo lo que da jajajajaja.

No keru ahora si te la bañaste!

Dennile dijo...

Lo mejor son los subtitulos!
Estan buenisimos!

Lo bueno de esos momentos son cuando uno los recuerda no?

Que tengas buen fin :)