marzo 26, 2007

Adiós paisana!

La solidaridad mexicana es algo conocido en todo el mundo, más si se trata de mujeres lejos de su patria, como lo es el grupo en el que convivo desde hace siete años. En una ocasión durante una reunión con mis paisanas, alguien me preguntó si conocía a M.S., ante la negativa de mi respuesta ésta persona me platicó que visitando en un hospital a una compañera de trabajo (las dos mexicanas), la enferma de la cama contigua al escucharlas hablar español, les preguntó si por casualidad ellas eran también mexicanas.

Fué así como M.S. se dió a conocer entre nuestro grupo, le acababan de diagnosticar una enfermedidad terminal y en ése momento se encontraba tan sola que necesitaba hablar con alguien de lo que estaba sintiendo. Así, M.S. empezó a asistir a nuestras reuniones a pesar de tener muchos años radicando en Suiza sin conocer a prácticamente nadie de nosotras. Precisamente unos meses después, yo tuve que viajar de urgencia a Monterrey donde permanecí más de dos meses ante la muerte de uno de mis hermanos, por lo que no tuve mucho contacto con ella ni llegué a conocerla en profundidad.

Supe por algunas de mis amigas que estaban siempre al pendiente, que se hicieron algunas actividades para ayudarla a sobrellevar su pesada enfermedad, la visitaban en su casa, la ayudaban económicamente, la presentaron a casi todas las del grupo, pero ... su enfermedad avanzaba incontrolablemente rápido. Los doctores en un principio le dieron pocos meses de vida, ellos mismos se asombraban el verla responder casi siempre de una forma extraordinaria a los tratamientos, de la enteresa con que la afrontaba su situación y sus inmensas ganas de vivir.

No era extraño verla después de un duro tratamiento en el hospital, bailando y cantando con nosotras en algunas fiestas de cumpleaños. Viajó a México para despedirse de su familia sabiendo que tal vez el final estaría cerca, viajó a Austria al encuentro con un grupo cristiano de oración, estuvo presente en aquel concierto que reseñé de música clásica, en fin, nadie diría lo que su cuerpo estaba sufriendo al verla siempre jovial, positiva, digna ... alegre. Han pasado más de dos años desde aquel encuentro fortuito en el hospital y en las últimas semanas su enfermedad ya no la dejaba moverse y pensar con propiedad, pero el grupo de mexicanas siempre estuvo a su lado, nunca la dejaron sola. No asistí a la reuniones que últimamente se hacían en su casa para animarla a seguir adelante, pero M.S. siempre estuvo en mis oraciones, siempre trataba de estar al tanto de su estado a través de las demás, a pesar de eso siempre que nos veíamos nos saludábamos cordialmente, sabíamos las dos quiénes éramos aunque nunca fuimos amigas propiamente dicho. Hoy recibí un SMS con las siguientes palabras: "Amigas, Dios abrió las puertas a M.S. a las tres de la tarde".

Su muerte más que congoja, me hace sentir agradecimiento al saber que su cuerpo ha dejado de sufrir y su alma es hoy libre. Lejos de su tierra y de su familia, M.S. demostró el coraje de los mexicanos al forjarse una vida nueva y enfrentar una muerte digna en tierras extrañas, algo nada fácil. Descanse en paz.

3 comentarios:

DNA dijo...

ojalá y todos podamos contar con paisanos alrededor nuestro cuando se llegue la hora : )

The_Saint_Mty dijo...

De los amigos que se van...Descanse en paz!

Anónimo dijo...

GLORIA me gusta y me parecen muy atinados tus comentarios al igual que el de Luz Maria muy interesantes y culturales. por favor wue cada jueves que se transmite el programa tu y Yolanda Andrade muestren siempre sus zapatos tienen buen gusto y nos dan buenas ideas de la tendencia.

Por otra parte COMENTALE A ISABEL QUE YA NO INTERRUMPA A SUS COMPAÑERAS LES QUITA EL MICROFONO Y SIEMPRE QUIERE OPINAR DE TODO ES BASTANTE DESAGRADABLEME GUSTA VER EL PROGRAMA A EXCEPCION DE ELLA HABLA MUCHO Y CANSA MOLESTA Queremos escuchar MAS a LUZ MARIA que mujer muy atinados e interesantes sus opiniones. que Isabel hable menos o no interrumpa, ella quiere sobresalir y uno le cambia de canal, hasta que otra participa . o comentaselo a Productor. y no olvides lo de los zapatos me encantan