
Ayer regresé al gimnasio después de tres meses de no asomar la nariz por esos lares, según yo iba a comenzar muy light para no sentirme tan mal al siguiente día, pero ya entrada en gastos y sin darme cuenta me dejé ir a lo güey como si nada. Hice mi rutina anterior a la enorme pausa que hice y me sentí a gusto, sin ninguna molestia o dolor muscular. De hecho hoy por la mañana me extrañó mucho que mi cuerpecito de uva no protestara, por lo que muy decidida incluí mis tiliches para la clase de Belly Dance (que también se imparte en el gym y a la que abandoné hace más de un año por cuestiones de horario) y allá voy.

Más que confiada en que lo peor había pasado, el comienzo, y olvidándome de mis problemas de potasio y magnesio que siempre que hago ejercicio me traen calambres horrorosos e insoportables, comencé el día de hoy con una sesión de una hora de Circuit Training. Luego seguí con media hora de caminadora y remo, para terminar con una hora de Belly Dance. Me sentía llena de energía, todavía llegué a la casa e hice la comida, llevé a mi querubín a su clase de Español y en el inter me fuí de tiendas por tres horas porque además el chicuelo había quedado para jugar con un amigo después de la clase.

Llegué a mi casa a las seis de la tarde, ahora si exhausta y mi maridis (tan comprensivo él) me dijo que no me preocupara por la cena, el se encargaría. Me recosté un rato para descansar pero... oh sorpresa!. Cuando intenté levantarme hace un rato para bajar a limpiar la cocina, zaz! me dió un calambre en al muslo de mi pierna izquierda y otro en la pantorrilla de la derecha. Al mismo tiempo!!!. No podía dar un paso, los niños ya estaban dormidos así que no podía ni siquiera gritar del dolorón enorme que sentía. Como pude, empecé a caminar despacio, sin dejar de sentir que me estaban arrancando los músculos a tirones. Luego cuando sentí que ya más o menos había pasado, me detuve a buscar en el botiquín una tableta de magnesio y antes de poder alzar las manos volvieron los méndigos calambres, ahora con más intensidad. Después de varios intentos y una corredera en el espacio que hay entre mi cuarto y el baño (no más de cuatro metros), pude encontrar unos sobrecitos de magnesio en polvo. Me tomé dos y la cosa pareció calmarse, esos diez minutos me parecieron eternos con mis piernas casi paralizadas y adoloridas a más no poder.
Y es que ya no soy una jovencita, mi cuerpo me lo recordó de la forma más precisa que se puede, así que ahora si que le tendré que bajar unas rayitas al fitness por lo menos hasta que vaya tomando de nuevo la condición perdida. Otra vez me acordé de aquel viejo slogan de una casa de vinos "nada con exceso, todo con medida". Lo bueno de todo ésto es que una vez más, inicié el camino en pro de mi salud. Aunque por ahora parece que vaya cuesta arriba.
Besitos y cerezas!

Más que confiada en que lo peor había pasado, el comienzo, y olvidándome de mis problemas de potasio y magnesio que siempre que hago ejercicio me traen calambres horrorosos e insoportables, comencé el día de hoy con una sesión de una hora de Circuit Training. Luego seguí con media hora de caminadora y remo, para terminar con una hora de Belly Dance. Me sentía llena de energía, todavía llegué a la casa e hice la comida, llevé a mi querubín a su clase de Español y en el inter me fuí de tiendas por tres horas porque además el chicuelo había quedado para jugar con un amigo después de la clase. 
Llegué a mi casa a las seis de la tarde, ahora si exhausta y mi maridis (tan comprensivo él) me dijo que no me preocupara por la cena, el se encargaría. Me recosté un rato para descansar pero... oh sorpresa!. Cuando intenté levantarme hace un rato para bajar a limpiar la cocina, zaz! me dió un calambre en al muslo de mi pierna izquierda y otro en la pantorrilla de la derecha. Al mismo tiempo!!!. No podía dar un paso, los niños ya estaban dormidos así que no podía ni siquiera gritar del dolorón enorme que sentía. Como pude, empecé a caminar despacio, sin dejar de sentir que me estaban arrancando los músculos a tirones. Luego cuando sentí que ya más o menos había pasado, me detuve a buscar en el botiquín una tableta de magnesio y antes de poder alzar las manos volvieron los méndigos calambres, ahora con más intensidad. Después de varios intentos y una corredera en el espacio que hay entre mi cuarto y el baño (no más de cuatro metros), pude encontrar unos sobrecitos de magnesio en polvo. Me tomé dos y la cosa pareció calmarse, esos diez minutos me parecieron eternos con mis piernas casi paralizadas y adoloridas a más no poder.Y es que ya no soy una jovencita, mi cuerpo me lo recordó de la forma más precisa que se puede, así que ahora si que le tendré que bajar unas rayitas al fitness por lo menos hasta que vaya tomando de nuevo la condición perdida. Otra vez me acordé de aquel viejo slogan de una casa de vinos "nada con exceso, todo con medida". Lo bueno de todo ésto es que una vez más, inicié el camino en pro de mi salud. Aunque por ahora parece que vaya cuesta arriba.
Besitos y cerezas!
