
Ayer fuimos a la primera sesión de terapia familiar mi maridis y yo, hijuesú! que duro es estar del otro lado de la cancha. Yo que siempre digo que soy muy analítica conmigo misma, me sentía como gato acorralado "no has pensado que sería mejor que ...", "qué sientes cuando escuchas ... de tu marido?", "si dices que ... entonces por qué ...?", etc, etc, etc. Y es que no es lo mismo que uno se cuestione solo aquello que le dá la gana, a que otra persona que desde fuera de la situación haga esas preguntas que uno se niega como en automático a dejar aflorar. Siempre contesté con la verdad, desde el fondo de mi alma, la neta en todo su esplendor mientras mi maridis se la pasó diciendo que yo era el amor de su vida, una madre ejemplar, la mejor cocinera del mundo, hasta llegó a decir cuando se le preguntó qué fué lo que le hizo enamorarse de mi que "ella tiene una magia muy especial" ayyyyyy! Peor para mí, me sentí como la bruja del cuento yo con mis miles de quejas y él poniéndome en un altar, quería interrumpirlo en medio de la sesión (como buena histérica que soy) diciéndole "ándale dile todo lo que me dices a mí, por algo estamos aquí, no?!".
Pero la terapeuta no es nada tonta, al contrario, sobrepasó en mucho mis expectativas como prefesional y ella misma lo fué dirigiendo hacia lo que quería saber. En dos o tres ocasiones me ganaron las de cocodrilo y a mi maridis ni se diga, por no llorar se le congestionó la cara y la nariz tornándose en un color tan rojizo que hasta pensé que de pronto le sangraría la piel por contener tanta emoción. Fué tan exahustiva la ráfaga de preguntas que en la mayoría contesté una de las frases que pensé no existían en mi repertorio "NO SE". Al final, mi maridis terminó por hablar de todas esas cosas de las que evita siempre que puede porque piensa que lo que no se dice, no existe. No fué una batalla campal, para nada, más bien fué como estar en el purgatorio enfrentándonos al unísono a nuestros propios Yo's con un réferi de por medio. Aquí no había un dominante y un dominador porque para eso estaba la terapeuta, interrumpiéndonos a cada momento para dejar hablar al otro en el momento preciso, llevándonos a respondernos nostros mismos en el tono adecuado y con el corazón en la mano.
Los cincuenta minutos iniciales de los habló la terapeuta, terminaron siendo 75 y muy productivos. Quedamos en vernos de nuevo en unas semanas y al salir de ahí nos reímos como locos comentando los pensamientos más primitivos que se nos venían a la cabeza cuando el otro hablaba, mi maridis me dijo "de pronto vi que ibas a hablar de **** y sentí que me moriría de la vegüenza, pensé no lo va a decir ... siiiii ya lo va a decir ... Dios! no la dejes que lo diga! ... ya viene, ya viene! ... noooo, que no lo diga!!!! ... chingado! lo dijo!!! que vergüenza!, sentí que mi corazón se pararía cuando te escuché decirlo o que me haría pipí en la ropa, qué bárbara lo dijiste!!!". Yo me moría de la risa cuando esuché todo ésto ya en el coche, no paré de reírme y el también lo tomó por el lado jocoso del asunto, tal vez eran los nervios de ambos ya relajados ó la sensación de haber dado un paso importante hacia adelante.
Mi maridis estaba muy contento, se sentía orgulloso de poder al fin hablar de sus problemas con un extraño, algo de lo que siempre había estado en contra. Así lo educaron, así creció, así le había funcionado hasta que ... se casó conmigo: una comunicadora hasta la pared de enfrente. Yo, a pesar de haberme sentido desnuda y sin defensa alguna, me di cuenta que es algo que nos hacía mucha falta y no me arrepiento porque sé que me falta mucho por aprender si quiero mantener mi familia unida y en armonía. Bueno, ahora viene el segundo round, pero eso ... será otra historia!
Que tengan linda semana boes!
P.D. Aquí le dejo a Bere el meme que me pidió, mi fondo de escritorio: