
Desde que nos casamos mi maridis desarrolló una fobia inmensa a ir de compras conmigo, lo que hasta entonces había sido para él solo una molestia. Me contaba que de soltero, solo iba dos veces al año a los centros comerciales con el fin de comprarse ropa para los próximos seis meses, que no había ningún otro motivo para poner un pié en alguna tienda si no era estricamente necesario. Así que, con mi llegada a Suiza, terminó de odiar todo lo que tenga que ver con pasillos llenos de productos adquiribles, sean de la condición que sean (principalmente las zapaterías y las tiendas de ropa, más en los tiempos de rebajas). Aún así tengo que agradecerle que de vez en cuando me acompañe y se tenga que chutar algunas horas de preguntas bobas sobre el color, textura, largo, y demás babosadas sobre las cosas que me pierden totalmente en las tiendas.
Por cuestiones de su trabajo, mi maridis no tiene un grupo fijo de compañeros de oficina, de hecho reparte su tiempo laboral entre sus oficinas de la ciudad de Zürich y la de Berna. El departamento al que pertenece está compuesto de algunas doce personas que casi no coinciden en tiempo y espacio muy a menudo, por el tipo de labor que desempeñan (consulting). El caso es que de todos ellos, dos de sus compañeros y él, buscan una vez por mes un hueco en su agenda en el que coincidan los tres en las oficinas de Zürich para reunirse, convivir y ... salir de shopping!
Pero no es un shopping como al que estamos acostumbradas las mujeres, específicamente se van al Media Markt: una tienda departamental de productos eléctronicos para el hogar y la oficina, algo así como un Toys'r'us para adultos. Utilizan la hora de comida y, aunque en un día normal les toma menos de 45 minutos, el día de Media Markt se atreven a extenderlo a dos horas completitas de diversión repasando las novedades en equipo de cómputo, telefonía móvil, películas, música, videojuegos y consolas, electrodomésticos y HiFi. Se lo toman tan a pecho, que comienzan una semana antes mandándose recordatorios por SMS o a través de la intranet de la empresa. Me consta que lo disfrutan, me cuenta mi maridis que no va cada quien por su lado, se acompañan unos a otros casi siempre bromeando a carcajada abierta y que las empleadas ya hasta les ponen las cruces.
Sé que a la mayoría de la gente le parecerá un tanto infantil, tal vez hasta ridículo, pero a mi me conmueve ver que éstos hombres (quienes fluctúan entre los 40 y 45 años) hayan encontrado la forma de convivir y ser amigos sin que haya una botella de licor, madrugadas, ni mujeres de por medio. También sé que no son los únicos, seguramente habrá más especímenes raros como éstos regados por el mundo pero, al menos yo, son los únicos que conozco.
Saludos!
Por cuestiones de su trabajo, mi maridis no tiene un grupo fijo de compañeros de oficina, de hecho reparte su tiempo laboral entre sus oficinas de la ciudad de Zürich y la de Berna. El departamento al que pertenece está compuesto de algunas doce personas que casi no coinciden en tiempo y espacio muy a menudo, por el tipo de labor que desempeñan (consulting). El caso es que de todos ellos, dos de sus compañeros y él, buscan una vez por mes un hueco en su agenda en el que coincidan los tres en las oficinas de Zürich para reunirse, convivir y ... salir de shopping!
Pero no es un shopping como al que estamos acostumbradas las mujeres, específicamente se van al Media Markt: una tienda departamental de productos eléctronicos para el hogar y la oficina, algo así como un Toys'r'us para adultos. Utilizan la hora de comida y, aunque en un día normal les toma menos de 45 minutos, el día de Media Markt se atreven a extenderlo a dos horas completitas de diversión repasando las novedades en equipo de cómputo, telefonía móvil, películas, música, videojuegos y consolas, electrodomésticos y HiFi. Se lo toman tan a pecho, que comienzan una semana antes mandándose recordatorios por SMS o a través de la intranet de la empresa. Me consta que lo disfrutan, me cuenta mi maridis que no va cada quien por su lado, se acompañan unos a otros casi siempre bromeando a carcajada abierta y que las empleadas ya hasta les ponen las cruces.Sé que a la mayoría de la gente le parecerá un tanto infantil, tal vez hasta ridículo, pero a mi me conmueve ver que éstos hombres (quienes fluctúan entre los 40 y 45 años) hayan encontrado la forma de convivir y ser amigos sin que haya una botella de licor, madrugadas, ni mujeres de por medio. También sé que no son los únicos, seguramente habrá más especímenes raros como éstos regados por el mundo pero, al menos yo, son los únicos que conozco.
Saludos!



