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diciembre 08, 2010

El show... debe continuar?


Siempre me ha parecido que las personas practicantes de los deportes extremos, más que valientes personajes que buscan fama y reconocimiento, son suicidas en potencia. Ruego a Dios porque ninguno de mis hijos vaya algún día, a hacerse adictos a la adrenalina que mueve el motor de éstos sujetos.

El domingo pasado en el famoso programa alemán "Qué apostamos?" -traducción libre de "Wetten dass..."-, mis angustias extremas tomaron más fuerza todavía, por el accidente que ocurrió durante la transmisión en vivo y en directo. El programa es una especie de reality de concursos en el que, aficionados de toda la geografía de habla germana, cumplen retos 'espectaculares' impuestos por ellos mismos, con la única finalidad de ganar fama.

El suceso que comento ocurrido hace tres días, lo describe muy elocuentemente el periodista español Rafael Poch del diario Vanguardia:

Noche de sábado, de luces y lentejuelas en la televisión. Un programa concurso en directo desde Dusseldorf, que incluye hazañas de riesgo en su oferta y lleva por título ¿Apostamos que...?.Uno de los más populares del país. Lo dirige y presenta Thomas Gottschalk, un veterano profesional del entretenimiento. Cabello rubio sedoso, acicalado en traje hortera de difícil clasificación, de los que sólo se ven en televisión, Gottschalk aparenta quince años menos de los 60 que tiene. Por cada programa se mete 100.000 euros en el bolsillo. A su lado su sexy asistenta, Michelle Hunziker, el eterno número dos femenino, flaca de senos prominentes, exhibiendo unos brazos estándar modelados por gimnasio. Ambos bien maquillados y empolvados.

Dos mil espectadores en el lugar, entre ellos políticos de primera fila como la presidenta de Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, se aprestan a presenciar la temeraria apuesta de uno de los concursantes de la noche: Samuel Koch, de 23 años. Su gesta: salir al encuentro y saltar, cinco veces, sobre coches en marcha, impulsado por unos resortes flexibles que lleva sujetos en las piernas. Ya lo ha hecho dos veces y ahora le toca al tercero. La gente aplaude mientras Koch hace ejercicios de calentamiento. El joven levanta la mano para dar la señal a su padre, que conduce el coche que se le echa encima a velocidad moderada, se lanza, salto mortal sobre el vehículo y, ¡hop!, cae de bruces en el suelo.

"¿Te has hecho daño?", pregunta el presentador. Suena estúpido, porque Koch yace inerte y boca abajo en el suelo. La sexy Hunziker muestra más reflejos, "rápido, rápido, un médico". La cámara corta el plano inmediatamente.

Los del programa intentan tapar la escena con telas. El público en pie, confuso y en silencio. Se ve a muchas mujeres impresionadas, tapándose la boca o el rostro con la mano. Aparecen los sanitarios en menos de dos minutos. Mientras recogen al accidentado y lo colocan en una camilla, el presentador alterna los aspavientos con el comentario "siempre le salió bien en las pruebas". Luego se supo que no era verdad. El jueves y el viernes, durante las pruebas del programa, Koch ya había tenido dos accidentes y había caído de espaldas, aterrizando con las posaderas, pero el joven seguía decidido y los organizadores no vieron motivo para disuadirle. Y ahora este marrón imprevisto. El programa se suspende, algo sin precedentes en sus casi treinta años de historia.

El estado de Koch es crítico, aunque su vida no corre peligro. Tras una operación en cervicales y médula espinal, se le mantiene en coma inducido. Síntomas de parálisis. Quizá condenado de por vida a una silla de ruedas por esa estúpida noche circense de luces y lentejuelas.

El debate ya ha comenzado, pero los medios se encargarán de que no llegue muy lejos.




Una vida echada a perder... por nada. Me pregunto si tanto el padre como el hijo estarían concientes del riesgo tan grande que corrían? Qué sentirá el padre al ver a su hijo muy cerca de permanecer el resto de su vida confinado a una silla de ruedas? y, emulando a Don Francisco, ¿qué dice el publicooooo?

agosto 17, 2009

Ni Suiza se escapa de la corrupción y el narco

Durante mis primeros años en Suiza, viví en la ciudad de Zofingen, situada geográficamente en un punto medio entre dos de las más grandes de éste país: Zürich y Berna (ésta última capital nacional). En éste país, no todas la poblaciones son llamadas 'ciudades' per se, existen dos tipos principales: stadt (ciudad) y dorf (poblado). Actualmente ésta nomenclatura obedece a cuestiones del número de habitantes por localidad, las que tienen más de quince mil habitantes se llaman ciudades, las menores a esta cantidad se le denomina poblado y los lugares donde solo existen dos o tres viviendas se conocen como aldeas.

Zofingen es un caso especial pues, a pesar de no llegar a los once mil habitantes, se le otorgó desde hace más de quinientos años el status de ciudad, por razones ajenas a las ya mencionadas. Una de ellas es que, históricamente, fué una de las fortalezas militares más importante de éste país; hasta tiene un episodio muy parecido al nuestro de los Niños Héroes, si no es que casi idéntico.

Hasta hace unos días, fué una ciudad modélica y muy popular en los alrededores por sus características tradicionales celosamente conservadas. El centro de la ciudad sigue adornada con los restos de las paredes de aquella fortaleza de marras que rodean el centro del pueblo con sus torres muy bien pintadas e iluminadas que nadie resiste a fotografiar y admirar. Es sede de uno de los mercados macrobióticos más grande de la región, así como del triatlón en el que todo deportista que se precie de serlo, desea participar.

El caso es que toda la popularidad y buena fama ganada con cientos de años de tradición y esfuerzo, se fué al traste con la aprehensión del Jefe de la Policía Regional Mathias M. por consumo, posesión y distribución de drogas. Resulta que en el poblado vecino de Lenzburg, se le hizo la prueba antidoping a algunos elementos de esa corporación local de policía, de los cuales solo uno de ellos dió positivo. Al interrogar al susodicho, su dedo apuntó directamente a Mathias M. a quien inmediatamente se le abrió una investigación. En su casa encontrar toda una gama de drogas sintéticas listas para su uso o su venta: Extasis, Crystal, metanfetaminas, píldoras tailandesas (muy de moda por éstos lares) y hasta un narcótico de uso veterinario llamado Ketamina. Wow! toda una dulcería la que tenía éste pela'o zonzo. Como era de esperarse, ya está tras la rejas y le espera una buena cantidad de tiempo sin ver las verdes praderas helvéticas. Se ha tratado con mucha reserva la información de los medios, porque aqui la discreción es un aspecto muy cuidado cuando de sus ciudadanos se trata de proteger; sobre todo en una cultura donde los buenos modales, la perfección y el prestigio individual es lo primordial.

En todas partes se cuecen habas, Suiza no iba a ser la excepción, pero hay sus grandes diferencias si lo comparamos con la situación que impera en nuestro México lindo y querido en su sometimiento a manos del narcotráfico. Aqui basta con que alguien apunte con el dedo para levantar una investigación en forma, pero jamás se verán a los capos matando 'camellos' o 'soplones' en plena calle o centros comerciales, porque hasta éstos criminales tienen el bendito sentido de la prudencia, ja!. En fin, el narco es narco aqui y en China, o más bien sería... y en Suiza?.

Ahí se los dejo de tarea!