
Tal vez lo hayan visto en televisión a través de la cadena Univisión, o tal vez ni lo conozcan, lo que es un hecho es que Jorge Gilberto Ramos Avalos a parte de ser uno de los latinos más influyentes en los medios masivos de Estados Unidos y un periodista íntegro, comprometido y honesto hasta la médula, es orgullosamente mexicano. Recientemente leí su último libro El Regalo del Tiempo (Cartas a Mis Hijos), el más personal de su blibliografía que en su mayoría giraba alrededor de sus trabajos periodísticos ó de los temas de inmigración del otro lado del Río Bravo, su primer libro escrito desde dentro hacia afuera, como él mismo lo describe.
En El Regalo del Tiempo, Jorge describe sus más íntimos pensamientos y sensaciones en forma epistolar cuyos destinatarios son sus propios hijos. Contrario a lo que pudiera parecer, las vivencias que describe no hablan enteramente del sentimiento paternal que lo impulsó a escribirlo, aunque es algo de vital importancia en su vida. Por supuesto que desde el inicio me sentí identificada en éste aspecto, pero a lo largo de sus cartas toca muchos puntos que, de haber tenido yo sus habilidades literarias, me hubiera gustado haber escrito.
Y es que tenemos muchas similitudes, situacionales y de pensamiento, que describo con algunos extractos del libro:
Somos inmigrantes: "... el que se va de casa tiene siempre esa renuencia a ser clasificado. No se nos pegan bien las etiquetas porque las desafiamos casi todas. La única que llevamos siempre cargando es la que dice, la que grita, que nos fuimos de nuestro país ..." "... lo primero que sacrifica un inmigrante al irse a otro país es el sentirse acompañado. La soledad es demoledora. Te preguntas una y mil veces ¿qué hago aquí?. Te entran las dudas de si hiciste lo correcto al dejar tu país. Nada te emociona. Te sientes en un hoyo. Pero luego recuerdas por qué te fuiste y empiezas a salir adelante ..."
El miedo a la muerte: "... entendí que esas eran las reglas de la vida y que, lejos de atormentarme, debería sacarle provecho a lo que tenía. Disfrutar al máximo mi tiempo con ustedes, con mi familia y amigos, y ser brutalmente honesto conmigo mismo. Había que vivir la vida como viniera, sin tratar de encuadrarla en estrechos esquemas. Y así ha sido desde entonces".
El concepto de las guerras: "Las guerra es el fracaso. La guerra es el sin sentido ..." "... para terminar una guerra es preciso hablar con el enemigo. Y eso resulta casi impensable para el combatiente. Es preferible matarlo. El diálogo es siempre la primera víctima de la guerra".
El miedo a volar: "No me gusta volar porque siento que pierdo el control. Me he leído todas las estadísticas que indican que viajar en avión es mucho más seguro que en auto. Pero yo sigo insistiendo que si el motor le falla a un auto basta con llamar a la grúa, en cambio si un motor le falla al avión ..."
El país ideal: "... una sociedad que, en escencia, requiere el respeto a lo distinto. Cuando ser distinto es la norma es preciso proteger aquello que te hace único. Es por el interés de todos. La tolerancia es el valor fundamental en una sociedad multitécnica, miltirracial y multicultural. Es la única manera en que pueden convivir los que son tan distintos entre sí".
Nuevos esquemas: "... decidí romper con esa tradición de nombre que pasan de padre a hijo." "... quería que mi hijo hiciera su propio camino ..."
La muerte de un padre: "... los muertos más queridos nunca se van del todo ... tu padre está dentro de tí ahora, lo llevas en la memoria, en los genes y es muchos gestos que tú haces, pero son tuyos." Palabras para Jorge de la escritora Isabel Allende.
El deporte: "... aprendí a entrar en ese estado de concentración -que los atletas llaman 'la zona'- y que me hacía sentir que flotaba. Cuando mi cuerpo alcanzaba ese momento de absoluta fluidez y armonía, desaparecía el cansancio y el dolor. Y mi objetivo era extenderlo lo más posible." "... ese sentimiento de estar completo, de no necesitar nada más, era único".
La lectura: "... nos revuelca en mundos nuevos, te mete en la vida de otros, rescata lo que tienes más escondido, te enseña lo que nunca te atreviste a imaginar, te descubre lugares, circunstancias y sentimientos que, hasta antes de pasar la página, desconocías y, sobre todo, te conecta: contigo mismo, con el autor, con otros tiempos o con eso que tanto te aterra o te alegra. Leemos porque, con un libro en la mano, somos otros."
La escritura: "... antes lo escribía y lo guardaba ..." "... ya en la mitad de la vida, empecé a compartir lo que escribía. Con poquitos. Ahora con éstas cartas, pienso que es un desperdicio escribirlas sin darlas a conocer. Con la edad, si has vivido bien y sin demasiados secretos y remordimientos, te das cuenta que no vale la pena esconderte. ¿Para qué?. Total, esto dura un parpadeo, un chasquido. Por eso escribo."
Podría acabarme todos los bytes que Blogger me permita explicando el por qué me impactaron tanto éstos extractos, pero ¿para qué?, si ya he contado casi mi vida entera en algunos posts anteriores de éste sitio. La idea de las cartas a sus hijos me pareció tan buena que, siguiendo éste hermoso ejemplo de mostrar a los hijos todo lo humano que hay debajo de la máscara de padres, decidí comprar éstos dos ejemplares artísticos en blanco para llenarlos con nuestro puño y letra de todo aquello que pudiera interesar a nuestros retoños. Mi maridis aceptó gustosísimo.
Me hubiera gustado mucho saber los más recónditos pensamientos de mi padre ó los miedos de mi madre, por citar ejemplos, reconocer qué partes suyas lleva mi persona y cómo el tiempo ó la vida los ha ido transformando hasta ser la que ahora soy. Ojalá, ésto que ahora empezamos, les sirva algún día a mis hijos. No sé de qué forma, pero estará lleno de nuestro amor por ellos.
En El Regalo del Tiempo, Jorge describe sus más íntimos pensamientos y sensaciones en forma epistolar cuyos destinatarios son sus propios hijos. Contrario a lo que pudiera parecer, las vivencias que describe no hablan enteramente del sentimiento paternal que lo impulsó a escribirlo, aunque es algo de vital importancia en su vida. Por supuesto que desde el inicio me sentí identificada en éste aspecto, pero a lo largo de sus cartas toca muchos puntos que, de haber tenido yo sus habilidades literarias, me hubiera gustado haber escrito.Y es que tenemos muchas similitudes, situacionales y de pensamiento, que describo con algunos extractos del libro:
Somos inmigrantes: "... el que se va de casa tiene siempre esa renuencia a ser clasificado. No se nos pegan bien las etiquetas porque las desafiamos casi todas. La única que llevamos siempre cargando es la que dice, la que grita, que nos fuimos de nuestro país ..." "... lo primero que sacrifica un inmigrante al irse a otro país es el sentirse acompañado. La soledad es demoledora. Te preguntas una y mil veces ¿qué hago aquí?. Te entran las dudas de si hiciste lo correcto al dejar tu país. Nada te emociona. Te sientes en un hoyo. Pero luego recuerdas por qué te fuiste y empiezas a salir adelante ..."
El miedo a la muerte: "... entendí que esas eran las reglas de la vida y que, lejos de atormentarme, debería sacarle provecho a lo que tenía. Disfrutar al máximo mi tiempo con ustedes, con mi familia y amigos, y ser brutalmente honesto conmigo mismo. Había que vivir la vida como viniera, sin tratar de encuadrarla en estrechos esquemas. Y así ha sido desde entonces".
El concepto de las guerras: "Las guerra es el fracaso. La guerra es el sin sentido ..." "... para terminar una guerra es preciso hablar con el enemigo. Y eso resulta casi impensable para el combatiente. Es preferible matarlo. El diálogo es siempre la primera víctima de la guerra".
El miedo a volar: "No me gusta volar porque siento que pierdo el control. Me he leído todas las estadísticas que indican que viajar en avión es mucho más seguro que en auto. Pero yo sigo insistiendo que si el motor le falla a un auto basta con llamar a la grúa, en cambio si un motor le falla al avión ..."
El país ideal: "... una sociedad que, en escencia, requiere el respeto a lo distinto. Cuando ser distinto es la norma es preciso proteger aquello que te hace único. Es por el interés de todos. La tolerancia es el valor fundamental en una sociedad multitécnica, miltirracial y multicultural. Es la única manera en que pueden convivir los que son tan distintos entre sí".
Nuevos esquemas: "... decidí romper con esa tradición de nombre que pasan de padre a hijo." "... quería que mi hijo hiciera su propio camino ..."
La muerte de un padre: "... los muertos más queridos nunca se van del todo ... tu padre está dentro de tí ahora, lo llevas en la memoria, en los genes y es muchos gestos que tú haces, pero son tuyos." Palabras para Jorge de la escritora Isabel Allende.
El deporte: "... aprendí a entrar en ese estado de concentración -que los atletas llaman 'la zona'- y que me hacía sentir que flotaba. Cuando mi cuerpo alcanzaba ese momento de absoluta fluidez y armonía, desaparecía el cansancio y el dolor. Y mi objetivo era extenderlo lo más posible." "... ese sentimiento de estar completo, de no necesitar nada más, era único".
La lectura: "... nos revuelca en mundos nuevos, te mete en la vida de otros, rescata lo que tienes más escondido, te enseña lo que nunca te atreviste a imaginar, te descubre lugares, circunstancias y sentimientos que, hasta antes de pasar la página, desconocías y, sobre todo, te conecta: contigo mismo, con el autor, con otros tiempos o con eso que tanto te aterra o te alegra. Leemos porque, con un libro en la mano, somos otros."
La escritura: "... antes lo escribía y lo guardaba ..." "... ya en la mitad de la vida, empecé a compartir lo que escribía. Con poquitos. Ahora con éstas cartas, pienso que es un desperdicio escribirlas sin darlas a conocer. Con la edad, si has vivido bien y sin demasiados secretos y remordimientos, te das cuenta que no vale la pena esconderte. ¿Para qué?. Total, esto dura un parpadeo, un chasquido. Por eso escribo."
Podría acabarme todos los bytes que Blogger me permita explicando el por qué me impactaron tanto éstos extractos, pero ¿para qué?, si ya he contado casi mi vida entera en algunos posts anteriores de éste sitio. La idea de las cartas a sus hijos me pareció tan buena que, siguiendo éste hermoso ejemplo de mostrar a los hijos todo lo humano que hay debajo de la máscara de padres, decidí comprar éstos dos ejemplares artísticos en blanco para llenarlos con nuestro puño y letra de todo aquello que pudiera interesar a nuestros retoños. Mi maridis aceptó gustosísimo. Me hubiera gustado mucho saber los más recónditos pensamientos de mi padre ó los miedos de mi madre, por citar ejemplos, reconocer qué partes suyas lleva mi persona y cómo el tiempo ó la vida los ha ido transformando hasta ser la que ahora soy. Ojalá, ésto que ahora empezamos, les sirva algún día a mis hijos. No sé de qué forma, pero estará lleno de nuestro amor por ellos.