kerubin@

Fraterno
Hoy se celebró el servicio fúnebre del padre de mi otra comadre, la madrina suiza de mi pequeño Christof. Karin, como se llama la primera amiga que hice tras llegar a éste país, se convirtió en mi comadre por derecho propio. Durante mi embarazo me cuidó como la mejor de las hermanas a solo unos días de haberme conocido y ante los viajes tan frecuentes del empleo que tenía por aquel entonces mi maridis. Sus padres se convirtieron en los míos y yo los visitaba con frecuencia pues ella vivía un poco lejos con su marido, sus hermanos se divertían conmigo cuando utilizábamos el cuerpo entero para comunicarnos y los días felices de convivencia continua nos acercaron tanto hasta hacerme parte de su familia. El padre de Karin, un alemán de Berlín que en su juventud fué marinero, gozaba contándome sus anécdotas vividas en México en sus viajes transatlánticos y riéndose de mis zapatos a los que siempre consideraba 'muy snob'. Nunca faltó a las fiestas en mi casa y quiso a mis hijos como si hubieran sido sus propios nietos. Con mi comadre suiza me unen muchas cosas, además de festejar nuestro cumpleaños en fechas similares y tener casi la misma edad, hoy nos unió la muerte de su padre pues falleció por la misma causa que el mío: fibrosis pulmonar. Cuando me vió después del servicio religioso, caminó entre la gente hasta encontrarme y nos fundimos en un abrazo lleno de ternura, de amor inmenso, solo me dijo "mi amiga, te amo porque siempre estás conmigo". Y yo le respondí en silencio con un fuerte apretón 'yo también te quiero', así sin palabras.
Filial
Comenzaba la competencia de ski de Zara, una hora antes habíamos presenciado la terrible caída de Christof en la suya que no le permitió ganar uno de los tres primeros lugares, y en el momento que arrancó mi princesita me encontré egoistamente suplicando 'Dios! que no gane, que no gane!'. Me di vergüenza, pero pensaba en el dolor que le causaría a su hermano, saber que la pequeña podría hacer algo mejor que él; sobre todo porque tuvimos que dejarlo antes de ver la lista de los ganadores y de la premiación, para poder estar a tiempo en la de Zara. Una vez terminado el evento, mi hija nos preguntó cómo le había ido a Christof, le comenté el inicidente y que tal vez su hermano estaría muy triste por no tener una medalla como la suya. Puso carita de consternación, pero inmediatamente nos dijo a su papá y a mí "no te preocupes mami, yo le voy a regalar mi medalla y le voy a decir que él es mi campeón".
Conyugal
El otro día, en la cama a punto de dorminos, mi maridis me abrazó y su mano quedó precisamente en mi panzota vientre. Inmediatamente se la quité diciéndole que me daba mucha vergüenza que tocara la lonja en todo su esplendor, que eso me recordaba lo descuidada que me había vuelto en mi aspecto personal y más que nada en mi falta de voluntad por mejorarlo y lucir atractiva para él. Enseguida la volvió a poner en el mismo lugar, pero ahora agarrando los rollos de carne y me dijo 'y qué tiene? todo ésto es mío y a mi me gusta!'. Hasta entonces me di cuenta que definitivamente... el amor es ciego.
A mi también me gustaría leer algunas historias de amor ajenas, sencillas y cotidianas como éstas... quién dijo yo?
Feliz día de San Valentín!
kerubin@

Hace algunos años una paisana me invitó a formar parte de una tanda de latinas (la mayoría mexicanas) de las que solo conocía a dos de ellas. Me presentó al grupo y me integré de inmediato con la finalidad de expandir un poco mis horizontes sociales fuera del círculo al que ya estaba acostumbrada. Fué así como conocí un grupo muy diferente y cálido de exiliadas rosas que se reunían solo a compartir anécdotas y pasar un rato agradable sin chismes ni competencias de por medio. Durante los primeros tres o cuatro años el gupo permaneció íntegro, la convivencia sincera/espontánea me llevó a tomarles mucho cariño y a conocer otras formas de amistad menos problemáticas a las que había conocido.
Aquella amiga que me había invitado a formar parte de su grupo, se volvió a México con su familia y en su lugar entró otra persona nueva que vino a traer un aire fresco a las reuniones. Así, fueron llegando más personas sustituyendo a otras que por una razón u otra no podían seguir, la mayoría de éstas pertenecientes al primer grupo del que yo de alguna forma había tratado de huir a mi llegada a la dichosa tanda. Como lo esperaba, comenzaron los malos entendidos, los chismes y las frases con doble sentido en las reuniones. Algunas se salieron por problemas con otras y en alguna ocasión hasta se dieron un agarrón en medio de la cena llegando a los gritos y los insultos. Otras, se dejaron de hablar y las reuniones se hacían cada vez más incómodas y difíciles de soportar.
Sabía que yo no me iba a escapar y, como lo pensé, mi turno llegó el pasado año cuando mi opinión no coincidió con la de una de ellas. El típico si no estás conmigo, estás contra mí, hizo que se tomara partido de unas partes y de otras, aunque el agua no llegó al río. Hubiera pasado por alto ésta situación, tal vez pensando en que el tiempo pone cada cosa en su lugar, pero situaciones como negarme un saludo o escuchar indirectas hacia mi persona como niñas de secundaria, terminaron por llevarme a tomar una decisión. Fué así que en la última de las reuniones les pedí no me incluyeran en el sorteo de este año, les agradecí su insistencia y los ratos agradables (que también los hubo, he reconocerlo), de la forma más cordial les comenté que seguríamos viéndonos en otras celebraciones como siempre y tan tán.
La verdad es que ya estaba hasta el chongo de lidiar con gente ignorante, sin educación, sin quehacer (como diría mi abuela) que estaban muy lejos de ser como aquel grupo que me había gustado tanto en un principio. Y aunque siempre he pensado que la comunicación lo puede todo, hablar con gente así, es como hablarle a la pared. Había aclarado las cosas con la susodicha, pero es bien sabido que cuando alguien quiere justificar su estupidez, se inventa razones y se las cree; por lo que no sirvió de mucho mi intento por sanar el malentendido. Qué flojera reunirse para estar cuidando mi boca de no herir egos sensibles, es como caminar sobre clavos. Nunca he sido cortesana, ni me gusta darle por su lado a nadie, pero la educación que recibí de mi familia prevalece ante todo y no me hubiera gustado terminar dando un espectáculo vulgar como sucedió a otras.
Hasta el dia de hoy, algunas de ellas me han seguido insistiendo que no deje el grupo, pero tengo que ser coherente conmigo misma y no dejar que la presión social me lleve a donde no quiero ir. No todas son iguales, seguramente a ellas son a las que extrañaré más, pero la amistad con ninguna (incluída la del problema) ha terminado, simplemente puse distancia de por medio haciendo nuestro trato no tan frecuente como fué. Ahora si espero que con eso, el tiempo haga lo suyo y en un futuro todo quede el olvido, por el bien de todos. Un amigo me comentaba que eso sería como darle la razón a quien no la tiene, yo creo que la razón la sé yo y con eso es suficiente, allá los demás que les guste engañarse a sí mismos. Será?
Au revoir!